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	<title>Fe vivida &#187; DOCUMENTOS</title>
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	<description>Fe vivida. Cree, celebra, vive, reza.</description>
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		<title>MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA XLIV JORNADA MUNDIALDE LAS COMUNICACIONES SOCIALES</title>
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		<pubDate>Sun, 16 May 2010 06:17:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>MJ</dc:creator>
				<category><![CDATA[DOCUMENTOS]]></category>
		<category><![CDATA[Documento]]></category>

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		<description><![CDATA[«El sacerdote y la pastoral en el mundo digital:
los nuevos medios al servicio de la Palabra»
[Domingo 16 de mayo de 2010]
Queridos hermanos y hermanas:
El tema de la próxima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales –«El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la Palabra»– se inserta muy apropiadamente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>«El sacerdote y la pastoral en el mundo digital:<br />
los nuevos medios al servicio de la Palabra»</p>
<p>[Domingo 16 de mayo de 2010]</p>
<p>Queridos hermanos y hermanas:</p>
<p>El tema de la próxima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales –«El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la Palabra»– se inserta muy apropiadamente en el camino del Año Sacerdotal, y pone en primer plano la reflexión sobre un ámbito pastoral vasto y delicado como es el de la comunicación y el mundo digital, ofreciendo al sacerdote nuevas posibilidades de realizar su particular servicio a la Palabra y de la Palabra. Las comunidades eclesiales, han incorporado desde hace tiempo los nuevos medios de comunicación como instrumentos ordinarios de expresión y de contacto con el propio territorio, instaurado en muchos casos formas de diálogo aún de mayor alcance. Su reciente y amplia difusión, así como su notable influencia, hacen cada vez más importante y útil su uso en el ministerio sacerdotal.</p>
<p>La tarea primaria del sacerdote es la de anunciar a Cristo, la Palabra de Dios hecha carne, y comunicar la multiforme gracia divina que nos salva mediante los Sacramentos. La Iglesia, convocada por la Palabra, es signo e instrumento de la comunión que Dios establece con el hombre y que cada sacerdote está llamado a edificar en Él y con Él. En esto reside la altísima dignidad y belleza de la misión sacerdotal, en la que se opera de manera privilegiada lo que afirma el apóstol Pablo: «Dice la Escritura: “Nadie que cree en Él quedará defraudado”… Pues “todo el que invoca el nombre del Señor se salvará”. Ahora bien, ¿cómo van a invocarlo si no creen en Él? ¿Cómo van a creer si no oyen hablar de Él? ¿Y cómo van a oír sin alguien que les predique? ¿Y cómo van a predicar si no los envían?» (Rm 10,11.13-15).</p>
<p>Las vías de comunicación abiertas por las conquistas tecnológicas se han convertido en un instrumento indispensable para responder adecuadamente a estas preguntas, que surgen en un contexto de grandes cambios culturales, que se notan especialmente en el mundo juvenil. En verdad el mundo digital, ofreciendo medios que permiten una capacidad de expresión casi ilimitada, abre importantes perspectivas y actualiza la exhortación paulina: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1 Co 9,16). Así pues, con la difusión de esos medios, la responsabilidad del anuncio no solamente aumenta, sino que se hace más acuciante y reclama un compromiso más intenso y eficaz. A este respecto, el sacerdote se encuentra como al inicio de una «nueva historia», porque en la medida en que estas nuevas tecnologías susciten relaciones cada vez más intensas, y cuanto más se amplíen las fronteras del mundo digital, tanto más se verá llamado a ocuparse pastoralmente de este campo, multiplicando su esfuerzo para poner dichos medios al servicio de la Palabra.</p>
<p>Sin embargo, la creciente multimedialidad y la gran variedad de funciones que hay en la comunicación, pueden comportar el riesgo de un uso dictado sobre todo por la mera exigencia de hacerse presentes, considerando internet solamente, y de manera errónea, como un espacio que debe ocuparse. Por el contrario, se pide a los presbíteros la capacidad de participar en el mundo digital en constante fidelidad al mensaje del Evangelio, para ejercer su papel de animadores de comunidades que se expresan cada vez más a través de las muchas «voces» surgidas en el mundo digital. Deben anunciar el Evangelio valiéndose no sólo de los medios tradicionales, sino también de los que aporta la nueva generación de medios audiovisuales (foto, vídeo, animaciones, blogs, sitios web), ocasiones inéditas de diálogo e instrumentos útiles para la evangelización y la catequesis.</p>
<p>El sacerdote podrá dar a conocer la vida de la Iglesia mediante estos modernos medios de comunicación, y ayudar a las personas de hoy a descubrir el rostro de Cristo. Para ello, ha de unir el uso oportuno y competente de tales medios –adquirido también en el período de formación– con una sólida preparación teológica y una honda espiritualidad sacerdotal, alimentada por su constante diálogo con el Señor. En el contacto con el mundo digital, el presbítero debe trasparentar, más que la mano de un simple usuario de los medios, su corazón de consagrado que da alma no sólo al compromiso pastoral que le es propio, sino al continuo flujo comunicativo de la «red».</p>
<p>También en el mundo digital, se debe poner de manifiesto que la solicitud amorosa de Dios en Cristo por nosotros no es algo del pasado, ni el resultado de teorías eruditas, sino una realidad muy concreta y actual. En efecto, la pastoral en el mundo digital debe mostrar a las personas de nuestro tiempo y a la humanidad desorientada de hoy que «Dios está cerca; que en Cristo todos nos pertenecemos mutuamente» (Discurso a la Curia romana para el intercambio de felicitaciones navideñas, 21 diciembre 2009).</p>
<p>¿Quién mejor que un hombre de Dios puede desarrollar y poner en práctica, a través de la propia competencia en el campo de los nuevos medios digitales, una pastoral que haga vivo y actual a Dios en la realidad de hoy? ¿Quién mejor que él para presentar la sabiduría religiosa del pasado como una riqueza a la que recurrir para vivir dignamente el hoy y construir adecuadamente el futuro? Quien trabaja como consagrado en los medios, tiene la tarea de allanar el camino a nuevos encuentros, asegurando siempre la calidad del contacto humano y la atención a las personas y a sus auténticas necesidades espirituales. Le corresponde ofrecer a quienes viven éste nuestro tiempo «digital» los signos necesarios para reconocer al Señor; darles la oportunidad de educarse para la espera y la esperanza, y de acercarse a la Palabra de Dios que salva y favorece el desarrollo humano integral. La Palabra podrá así navegar mar adentro hacia las numerosas encrucijadas que crea la tupida red de autopistas del ciberespacio, y afirmar el derecho de ciudadanía de Dios en cada época, para que Él pueda avanzar a través de las nuevas formas de comunicación por las calles de las ciudades y detenerse ante los umbrales de las casas y de los corazones y decir de nuevo: «Estoy a la puerta llamando. Si alguien oye y me abre, entraré y cenaremos juntos» (Ap 3, 20).</p>
<p>En el Mensaje del año pasado animé a los responsables de los procesos comunicativos a promover una cultura de respeto por la dignidad y el valor de la persona humana. Ésta es una de las formas en que la Iglesia está llamada a ejercer una «diaconía de la cultura» en el «continente digital». Con el Evangelio en las manos y en el corazón, es necesario reafirmar que hemos de continuar preparando los caminos que conducen a la Palabra de Dios, sin descuidar una atención particular a quien está en actitud de búsqueda. Más aún, procurando mantener viva esa búsqueda como primer paso de la evangelización. Así, una pastoral en el mundo digital está llamada a tener en cuenta también a quienes no creen y desconfían, pero que llevan en el corazón los deseos de absoluto y de verdades perennes, pues esos medios permiten entrar en contacto con creyentes de cualquier religión, con no creyentes y con personas de todas las culturas. Así como el profeta Isaías llegó a imaginar una casa de oración para todos los pueblos (cf. Is 56,7), quizá sea posible imaginar que podamos abrir en la red un espacio –como el «patio de los gentiles» del Templo de Jerusalén– también a aquéllos para quienes Dios sigue siendo un desconocido.</p>
<p>El desarrollo de las nuevas tecnologías y, en su dimensión más amplia, todo el mundo digital, representan un gran recurso para la humanidad en su conjunto y para cada persona en la singularidad de su ser, y un estímulo para el debate y el diálogo. Pero constituyen también una gran oportunidad para los creyentes. Ningún camino puede ni debe estar cerrado a quien, en el nombre de Cristo resucitado, se compromete a hacerse cada vez más prójimo del ser humano. Los nuevos medios, por tanto, ofrecen sobre todo a los presbíteros perspectivas pastorales siempre nuevas y sin fronteras, que lo invitan a valorar la dimensión universal de la Iglesia para una comunión amplia y concreta; a ser testigos en el mundo actual de la vida renovada que surge de la escucha del Evangelio de Jesús, el Hijo eterno que ha habitado entre nosotros para salvarnos. No hay que olvidar, sin embargo, que la fecundidad del ministerio sacerdotal deriva sobre todo de Cristo, al que encontramos y escuchamos en la oración; al que anunciamos con la predicación y el testimonio de la vida; al que conocemos, amamos y celebramos en los sacramentos, sobre todo en el de la Santa Eucaristía y la Reconciliación.</p>
<p>Queridos sacerdotes, os renuevo la invitación a asumir con sabiduría las oportunidades específicas que ofrece la moderna comunicación. Que el Señor os convierta en apasionados anunciadores de la Buena Noticia, también en la nueva «ágora» que han dado a luz los nuevos medios de comunicación.</p>
<p>Con estos deseos, invoco sobre vosotros la protección de la Madre de Dios y del Santo Cura de Ars, y con afecto imparto a cada uno la Bendición Apostólica.</p>
<p>Vaticano, 24 de enero 2010, Fiesta de San Francisco de Sales.</p>
<p>BENEDICTUS PP. XVI</p>
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		<title>INTERNET Y EL EVANGELIO</title>
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		<pubDate>Sun, 16 May 2010 06:14:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>MJ</dc:creator>
				<category><![CDATA[DOCUMENTOS]]></category>

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		<description><![CDATA[El Papa emplaza a los sacerdotes a predicar también a través de Internet
El Papa Benedicto anima a los sacerdotes a anunciar el Evangelio también en el mundo digital, según detalla en su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que se celebrará HOY domingo, 16 de mayo.
En el texto, titulado &#8216;El sacerdote y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El Papa emplaza a los sacerdotes a predicar también a través de Internet<br />
El Papa Benedicto anima a los sacerdotes a anunciar el Evangelio también en el mundo digital, según detalla en su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que se celebrará HOY domingo, 16 de mayo.</p>
<p>En el texto, titulado &#8216;El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la Palabra&#8217;, el Pontífice señala que este tema se &#8220;inserta muy apropiadamente en el camino del Año Sacerdotal y pone en primer plano la reflexión sobre un ámbito pastoral vasto y delicado como es el de la comunicación y el mundo digital, ofreciendo al sacerdote nuevas posibilidades de realizar su particular servicio a la Palabra y de la Palabra&#8221;.</p>
<p>Seguidamente, explica que la cada vez mayor importancia de los nuevos medios de comunicación y su incorporación en la vida cotidiana hace que sea &#8220;cada vez más importante y útil su uso en el ministerio sacerdotal&#8221;.</p>
<p>Tras resaltar que &#8220;la tarea primaria del sacerdote es la de anunciar a Cristo&#8221;, explica que &#8220;el mundo digital, ofreciendo medios que permiten una capacidad de expresión casi ilimitada, abre importantes perspectivas&#8221;.</p>
<p>Ante las nuevas experiencias de comunicación, según dice el Papa, los sacerdotes &#8220;deben anunciar el Evangelio valiéndose no sólo de los medios tradicionales, sino también de los que aporta la nueva generación de medios audiovisuales (foto, vídeo, animaciones, blogs, sitios web), ocasiones inéditas de diálogo e instrumentos útiles para la evangelización y la catequesis&#8221;.</p>
<p>&#8220;El sacerdote podrá dar a conocer la vida de la Iglesia mediante estos modernos medios de comunicación, y ayudar a las personas de hoy a descubrir el rostro de Cristo. Para ello, ha de unir el uso oportuno y competente de tales medios -adquirido también en el período de formación- con una sólida preparación teológica y una honda espiritualidad sacerdotal&#8221;, recalca.</p>
<p>Con el anuncio &#8220;digital&#8221; del Evangelio, según continua el Santo Padre, &#8220;la Palabra podrá así navegar mar adentro hacia las numerosas encrucijadas que crea la tupida red de autopistas del ciberespacio y afirmar el derecho de ciudadanía de Dios en cada época, para que El pueda avanzar a través de las nuevas formas de comunicación por las calles de las ciudades y detenerse ante los umbrales de las casas y de los corazones y decir de nuevo: &#8216;Estoy a la puerta llamando. Si alguien oye y me abre, entraré y cenaremos juntos&#8217;&#8221;.</p>
<p>Benedicto XVI precisa luego que &#8220;el desarrollo de las nuevas tecnologías y, en su dimensión más amplia, todo el mundo digital, representan un gran recurso para la humanidad en su conjunto y para cada persona en la singularidad de su ser, y un estímulo para el debate y el diálogo&#8221;.</p>
<p>Tras reiterar su invitación al uso de las tecnologías digitales, el Papa advierte que no se debe olvidar que &#8220;la fecundidad del ministerio sacerdotal deriva sobre todo de Cristo, al que encontramos y escuchamos en la oración; al que anunciamos con la predicación y el testimonio de la vida; al que conocemos, amamos y celebramos en los sacramentos, sobre todo en el de la Santa Eucaristía y la Reconciliación&#8221;.</p>
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		<title>EL PAPA EN FÁTIMA</title>
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		<pubDate>Fri, 14 May 2010 15:51:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>MJ</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#8220;El aborto y el matrimonio homosexual representan lo más insidioso y peligroso&#8221;
Benedicto XVI ha asegurado en Portugal que el aborto y las bodas entre personas del mismo sexo son &#8220;algunos de los más insidiosos y peligrosos desafíos que hoy se oponen al bien común&#8221;. Ha querido, además, mostrar su apoyo a todas las iniciativas que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;El aborto y el matrimonio homosexual representan lo más insidioso y peligroso&#8221;<br />
Benedicto XVI ha asegurado en Portugal que el aborto y las bodas entre personas del mismo sexo son &#8220;algunos de los más insidiosos y peligrosos desafíos que hoy se oponen al bien común&#8221;. Ha querido, además, mostrar su apoyo a todas las iniciativas que tutelan los valores esenciales de la vida y de la familia.</p>
<p>&#8216;Las iniciativas que tienen el objetivo de tutelar los valores esenciales y primarios de la vida, desde su concepción, y de la familia ayudan a responder a los más insidiosos y peligrosos desafíos que se oponen al bien común&#8217;<br />
&#8216;La cultura dominante presenta con insistencia un estilo de vida basado en la ley del más fuerte y beneficios fáciles y atractivos, que acaban por influir sobre nuestro modo de pensar&#8217;, ha denunciado el Papa</p>
<p>El Papa ha afirmado que el aborto y los matrimonios entre personas del mismo sexo son opuestos al &#8216;bien común&#8217; y ha apoyado las iniciativas que tutelen la vida desde el momento de la concepción, así como la familia, &#8216;basada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer&#8217;.</p>
<p>&#8216;Las iniciativas que tienen el objetivo de tutelar los valores esenciales y primarios de la vida, desde su concepción, y de la familia, basada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, ayudan a responder a algunos de los más insidiosos y peligrosos desafíos que hoy se oponen al bien común&#8217;, ha asegurado Benedicto XVI en su visita de estos días a Portugal.</p>
<p>El Obispo de Roma ha agregado que esas iniciativas constituyen &#8216;elementos esenciales para la construcción de la civilización del amor&#8217;.</p>
<p>El Papa ha expresado su &#8216;más profundo aprecio&#8217; a todas aquellas iniciativas pastorales y sociales &#8216;que intentan luchar contra los mecanismos socio-económicos y culturales que llevan al aborto y que defienden la vida y la reconciliación y curación de las personas heridas por el drama del aborto&#8217;.</p>
<p>Tras resaltar la labor que estas instituciones realizan con los pobres, enfermos, detenidos, vagabundos, personas abandonadas, discapacitados, emigrantes, desempleados, etc, ha manifestado que la Iglesia no está capacitada para ofrecer soluciones prácticas a cada problema, pero sí está dispuesta a ayudar y ofrecer medios de salvación a todos.</p>
<p>Benedicto XVI ha criticado la &#8216;presión de la cultura dominante&#8217; a la hora de realizar esa labor caritativa.</p>
<p>&#8216;La cultura dominante presenta con insistencia un estilo de vida basado en la ley del más fuerte y beneficios fáciles y atractivos, que acaban por influir sobre nuestro modo de pensar, nuestros proyectos y las perspectivas de nuestro servicio, con el riesgo de vaciarlo de esa motivación de la fe y la experiencia cristiana&#8217;, ha denunciado.</p>
<p>Refiriéndose a las asociaciones católicas de ayuda, el Papa ha indicado que &#8216;es necesario que se vea claro su orientación, que asuman una identidad bien evidente&#8217;.</p>
<p>También ha exigido que se les conceda &#8216;autonomía e independencia de la política y de las ideologías&#8217;, aunque colaboren con los estados para alcanzar sus objetivos</p>
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		<title>CARTA PASTORAL DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A LOS CATÓLICOS DE IRLANDA</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Mar 2010 16:50:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>MJ</dc:creator>
				<category><![CDATA[DOCUMENTOS]]></category>

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		<description><![CDATA[Traducción no oficial
1. Queridos hermanos y hermanas de la Iglesia en Irlanda, os escribo con gran preocupación como Pastor de la Iglesia universal. Al igual que vosotros estoy profundamente consternado por las noticias concernientes al abuso de niños y jóvenes indefensos por parte de miembros de la Iglesia en Irlanda, especialmente sacerdotes y religiosos. Comparto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Traducción no oficial</p>
<p>1. Queridos hermanos y hermanas de la Iglesia en Irlanda, os escribo con gran preocupación como Pastor de la Iglesia universal. Al igual que vosotros estoy profundamente consternado por las noticias concernientes al abuso de niños y jóvenes indefensos por parte de miembros de la Iglesia en Irlanda, especialmente sacerdotes y religiosos. Comparto la desazón y el sentimiento de traición que muchos de vosotros experimentaron al enterarse de esos actos pecaminosos y criminales y del modo en que fueron afrontados por las autoridades de la Iglesia en Irlanda.</p>
<p>Como sabéis, invité hace poco a los obispos de Irlanda a una reunión en Roma para que informasen sobre cómo abordaron esas cuestiones en el pasado e indicasen los pasos que habían dado para hacer frente a una situación tan grave. Junto con algunos altos prelados de la Curia Romana escuché lo que tenían que decir, tanto individualmente como en grupo, sea sobre el análisis de los errores cometidos y las lecciones aprendidas, que sobre la descripción de los programas y procedimientos actualmente en curso. Nuestras discusiones fueron francas y constructivas. Estoy seguro de que, como resultado, los obispos están ahora en una posición más fuerte para continuar la tarea de reparar las injusticias del pasado y de abordar cuestiones más amplias relacionadas con el abuso de los niños de manera conforme con las exigencias de la justicia y las enseñanzas del Evangelio.</p>
<p>2. Por mi parte, teniendo en cuenta la gravedad de estos delitos y la respuesta a menudo inadecuada que han recibido por parte de las autoridades eclesiásticas de vuestro país, he decidido escribir esta carta pastoral para expresaros mi cercanía, y proponeros un camino de curación, renovación y reparación.</p>
<p>Es verdad, como han observado muchas personas en vuestro país, que el problema de abuso de menores no es específico de Irlanda o de la Iglesia. Sin embargo, la tarea que tenéis ahora por delante es la de hacer frente al problema de los abusos ocurridos dentro de la comunidad católica de Irlanda y de hacerlo con coraje y determinación. Que nadie se imagine que esta dolorosa situación se resuelva pronto. Se han dado pasos positivos pero todavía queda mucho por hacer. Necesitamos perseverancia y oración, con gran fe en la fuerza salvadora de la gracia de Dios.</p>
<p>Al mismo tiempo, debo también expresar mi convicción de que para recuperarse de esta dolorosa herida, la Iglesia en Irlanda, debe reconocer en primer lugar ante Dios y ante los demás, los graves pecados cometidos contra niños indefensos. Ese reconocimiento, junto con un sincero pesar por el daño causado a las víctimas y sus familias, debe desembocar en un esfuerzo conjunto para garantizar que en el futuro los niños estén protegidos de semejantes delitos.</p>
<p>Mientras os enfrentáis a los retos de este momento, os pido que recordéis la &#8220;roca de la que fuisteis tallados&#8221; (Isaías 51, 1). Reflexionad sobre la generosa y a menudo heroica contribución ofrecida a la Iglesia y a la humanidad por generaciones de hombres y mujeres irlandeses, y haced que de esa reflexión brote el impulso para un honesto examen de conciencia personal y para un sólido programa de renovación de la Iglesia y el individuo. Rezo para que, asistida por la intercesión de sus numerosos santos y purificada por la penitencia, la Iglesia en Irlanda supere esta crisis y vuelve a ser una vez más testimonio convincente de la verdad y la bondad de Dios Todopoderoso, que se manifiesta en su Hijo Jesucristo.</p>
<p>3. A lo largo de la historia, los católicos irlandeses han demostrado ser, tanto en su patria como fuera de ella, una fuerza motriz del bien. Monjes celtas como San Columba difundieron el evangelio en Europa occidental y sentaron las bases de la cultura monástica medieval. Los ideales de santidad, caridad y sabiduría trascendente, nacidos de la fe cristiana, quedaron plasmados en la construcción de iglesias y monasterios y en la creación de escuelas, bibliotecas y hospitales, que contribuyeron a consolidar la identidad espiritual de Europa. Aquellos misioneros irlandeses debían su fuerza y su inspiración a la firmeza de su fe, al fuerte liderazgo y a la rectitud moral de la Iglesia en su tierra natal.</p>
<p>A partir del siglo XVI, los católicos en Irlanda atravesaron por un largo período de persecución, durante el cual lucharon por mantener viva la llama de la fe en circunstancias difíciles y peligrosas. San Oliver Plunkett, mártir y arzobispo de Armagh, es el ejemplo más famoso de una multitud de valerosos hijos e hijas de Irlanda dispuestos a dar su vida por la fidelidad al Evangelio. Después de la Emancipación Católica, la Iglesia fue libre de nuevo para volver a crecer. Las familias y un sinfín de personas que habían conservado la fe en el momento de la prueba se convirtieron en la chispa de un gran renacimiento del catolicismo irlandés en el siglo XIX. La Iglesia escolarizaba, especialmente a los pobres, lo que supuso una importante contribución a la sociedad irlandesa. Entre los frutos de las nuevas escuelas católicas se cuenta el aumento de las vocaciones: generaciones de sacerdotes misioneros, hermanas y hermanos, dejaron su patria para servir en todos los continentes, sobre todo en mundo de habla inglesa. Eran excepcionales, no sólo por la vastedad de su número, sino también por la fuerza de la fe y la solidez de su compromiso pastoral. Muchas diócesis, especialmente en África, América y Australia, se han beneficiado de la presencia de clérigos y religiosos irlandeses, que predicaron el Evangelio y fundaron parroquias, escuelas y universidades, clínicas y hospitales, abiertas tanto a los católicos, como al resto de la sociedad, prestando una atención particular a las necesidades de los pobres.</p>
<p>En casi todas las familias irlandesas, ha habido siempre alguien —un hijo o una hija, una tía o un tío— que dieron sus vidas a la Iglesia. Con razón, las familias irlandesas tienen un gran respeto y afecto por sus seres queridos que dedicaron la vida a Cristo, compartiendo el don de la fe con los demás y traduciéndola en acciones sirviendo con amor a Dios y al prójimo.</p>
<p>4. En las últimas décadas, sin embargo, la Iglesia en vuestro país ha tenido que enfrentarse a nuevos y graves retos para la fe debidos a la rápida transformación y secularización de la sociedad irlandesa. El cambio social ha sido muy veloz y a menudo ha repercutido adversamente en la tradicional adhesión de las personas a las enseñanzas y valores católicos. Asimismo , las prácticas sacramentales y devocionales que sustentan la fe y la hacen crecer, como la confesión frecuente, la oración diaria y los retiros anuales se dejaron, con frecuencia, de lado.</p>
<p>También fue significativa en este período la tendencia, incluso por parte de los sacerdotes y religiosos, a adoptar formas de pensamiento y de juicio de la realidad secular sin referencia suficiente al Evangelio. El programa de renovación propuesto por el Concilio Vaticano II fue a veces mal entendido y, además, a la luz de los profundos cambios sociales que estaban teniendo lugar, no era nada fácil discernir la mejor manera de realizarlo. En particular, hubo una tendencia, motivada por buenas intenciones, pero equivocada, de evitar los enfoques penales de las situaciones canónicamente irregulares. En este contexto general debemos tratar de entender el inquietante problema de abuso sexual de niños, que ha contribuido no poco al debilitamiento de la fe y la pérdida de respeto por la Iglesia y sus enseñanzas.</p>
<p>Sólo examinando cuidadosamente los numerosos elementos que han dado lugar a la crisis actual es posible efectuar un diagnóstico claro de las causas y encontrar las soluciones eficaces. Ciertamente, entre los factores que han contribuido a ella, podemos enumerar: los procedimientos inadecuados para determinar la idoneidad de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa, la insuficiente formación humana, moral, intelectual y espiritual en los seminarios y noviciados, la tendencia de la sociedad a favorecer al clero y otras figuras de autoridad y una preocupación fuera de lugar por el buen nombre de la Iglesia y por evitar escándalos cuyo resultado fue la falta de aplicación de las penas canónicas en vigor y de la salvaguardia de la dignidad de cada persona. Es necesaria una acción urgente para contrarrestar estos factores, que han tenido consecuencias tan trágicas para la vida de las víctimas y sus familias y han obscurecido tanto la luz del Evangelio, como no lo habían hecho siglos de persecución.</p>
<p>5. En varias ocasiones, desde mi elección a la Sede de Pedro, me he encontrado con víctimas de abusos sexuales y estoy dispuesto a seguir haciéndolo en futuro. He hablado con ellos, he escuchado sus historias, he constatado su sufrimiento, he rezado con ellos y por ellos. Anteriormente en mi pontificado, preocupado por abordar esta cuestión, pedí a los obispos de Irlanda, durante la visita ad limina de 2006 que &#8220;establecieran la verdad de lo ocurrido en el pasado y tomasen todas las medidas necesarias para evitar que sucediera de nuevo, para asegurar que los principios de justicia sean plenamente respetados y, sobre todo, para curar a las víctimas y a todos los afectados por estos crímenes atroces&#8221; (Discurso a los obispos de Irlanda, el 28 de octubre de 2006).</p>
<p>Con esta carta, quiero exhortaros a todos vosotros, como pueblo de Dios en Irlanda, a reflexionar sobre las heridas infligidas al cuerpo de Cristo, los remedios necesarios y a veces dolorosos, para vendarlas y curarlas , y la necesidad de la unidad, la caridad y la ayuda mutua en el largo proceso de recuperación y renovación eclesial. Me dirijo ahora a vosotros con palabras que me salen del corazón, y quiero hablar a cada uno de vosotros y a todos vosotros como hermanos y hermanas en el Señor.</p>
<p>6. A las víctimas de abusos y a sus familias</p>
<p>Habéis sufrido inmensamente y me apesadumbra tanto. Sé que nada puede borrar el mal que habéis soportado. Vuestra confianza ha sido traicionada y violada vuestra dignidad. Muchos de vosotros han experimentado que cuando tuvieron el valor suficiente para hablar de lo que les había pasado, nadie quería escucharlos. Aquellos que sufrieron abusos en los internados deben haber sentido que no había manera de escapar de su dolor. Es comprensible que os sea difícil perdonar o reconciliaros con la Iglesia. En su nombre, expreso abiertamente la vergüenza y el remordimiento que sentimos todos. Al mismo tiempo, os pido que no perdáis la esperanza. En la comunión con la Iglesia es donde nos encontramos con la persona de Jesucristo, que fue Él mismo una víctima de la injusticia y el pecado. Como vosotros aún lleva las heridas de su sufrimiento injusto. Él entiende la profundidad de vuestro dolor y la persistencia de su efecto en vuestras vidas y vuestras relaciones con los demás, incluyendo vuestra relación con la Iglesia.</p>
<p>Sé que a algunos de vosotros les resulta difícil incluso entrar en una iglesia después de lo que ha sucedido. Sin embargo, las heridas de Cristo, transformadas por su sufrimiento redentor, son los instrumentos que han roto el poder del mal y nos hacen renacer a la vida y la esperanza. Creo firmemente en el poder curativo de su amor sacrificial —incluso en las situaciones más oscuras y desesperadas— que libera y trae la promesa de un nuevo comienzo.</p>
<p>Al dirigirme a vosotros como un pastor, preocupado por el bienestar de todos los hijos de Dios, os pido humildemente que reflexionéis sobre lo que he dicho. Ruego que, acercándoos a Cristo y participando en la vida de su Iglesia — una Iglesia purificada por la penitencia y renovada en la caridad pastoral — podáis descubrir de nuevo el amor infinito de Cristo por cada uno de vosotros. Estoy seguro de que de esta manera seréis capaces de encontrar reconciliación, profunda curación interior y paz.</p>
<p>7. A los sacerdotes y religiosos que han abusado de niños</p>
<p>Habéis traicionado la confianza depositada en vosotros por jóvenes inocentes y por sus padres. Debéis responder de ello ante Dios Todopoderoso y ante los tribunales debidamente constituidos. Habéis perdido la estima de la gente de Irlanda y arrojado vergüenza y deshonor sobre vuestros semejantes. Aquellos de vosotros que son sacerdotes han violado la santidad del sacramento del Orden, en el que Cristo mismo se hace presente en nosotros y en nuestras acciones. Junto con el inmenso daño causado a las víctimas, un daño enorme se ha hecho a la Iglesia y a la percepción pública del sacerdocio y de la vida religiosa.</p>
<p>Os exhorto a examinar vuestra conciencia, a asumir la responsabilidad de los pecados que habéis cometido y a expresar con humildad vuestro pesar. El arrepentimiento sincero abre la puerta al perdón de Dios y a la gracia de la verdadera enmienda.</p>
<p>Debéis tratar de expiar personalmente vuestras acciones ofreciendo oraciones y penitencias por aquellos que habéis ofendido. El sacrificio redentor de Cristo tiene el poder de perdonar incluso el más grave de los pecados y extraer el bien incluso del más terrible de los males. Al mismo tiempo, la justicia de Dios nos llama a dar cuenta de nuestras acciones sin ocultar nada. Admitid abiertamente vuestra culpa, someteos a las exigencias de la justicia, pero no desesperéis de la misericordia de Dios.</p>
<p>8. A los padres</p>
<p>Os habéis sentido profundamente indignados y conmocionados al conocer los hechos terribles que sucedían en lo que debía haber sido el entorno más seguro para todos. En el mundo de hoy no es fácil construir un hogar y educar a los hijos. Se merecen crecer con seguridad, cariño y amor, con un fuerte sentido de su identidad y su valor. Tienen derecho a ser educados en los auténticos valores morales enraizados en la dignidad de la persona humana, a inspirarse en la verdad de nuestra fe católica y a aprender los patrones de comportamiento y acción que lleven a la sana autoestima y la felicidad duradera. Esta tarea noble pero exigente está confiada en primer lugar a vosotros, padres. Os invito a desempeñar vuestro papel para garantizar a los niños los mejores cuidados posibles, tanto en el hogar como en la sociedad en general, mientras la Iglesia, por su parte, sigue aplicando las medidas adoptadas en los últimos años para proteger a los jóvenes en los ambientes parroquiales y escolares. Os aseguro que estoy cerca de vosotros y os ofrezco el apoyo de mis oraciones mientras cumplís vuestras grandes responsabilidades</p>
<p>9. A los niños y jóvenes de Irlanda</p>
<p>Quiero dirigiros una palabra especial de aliento. Vuestra experiencia de la Iglesia es muy diferente de la de vuestros padres y abuelos. El mundo ha cambiado desde que ellos tenían vuestra edad. Sin embargo, todas las personas, en cada generación están llamadas a recorrer el mismo camino durante la vida, cualesquiera que sean las circunstancias. Todos estamos escandalizados por los pecados y errores de algunos miembros de la Iglesia, en particular de los que fueron elegidos especialmente para guiar y servir a los jóvenes. Pero es en la Iglesia donde encontraréis a Jesucristo que es el mismo ayer, hoy y siempre (cf. Hb 13, 8). Él os ama y se entregó por vosotros en la cruz. ¡Buscad una relación personal con Él dentro de la comunión de su Iglesia, porque él nunca traicionará vuestra confianza! Sólo Él puede satisfacer vuestros anhelos más profundos y dar pleno sentido a vuestras vidas, orientándolas al servicio de los demás. Mantened vuestra mirada fija en Jesús y su bondad y proteged la llama de la fe en vuestros corazones. Espero en vosotros para que, junto con vuestros hermanos católicos en Irlanda, seáis fieles discípulos de nuestro Señor y aportéis el entusiasmo y el idealismo tan necesarios para la reconstrucción y la renovación de nuestra amada Iglesia.</p>
<p>10. A los sacerdotes y religiosos de Irlanda</p>
<p>Todos nosotros estamos sufriendo las consecuencias de los pecados de nuestros hermanos que han traicionado una obligación sagrada o no han afrontado de forma justa y responsable las denuncias de abusos. A la luz del escándalo y la indignación que estos hechos han causado, no sólo entre los fieles laicos, sino también entre vosotros y vuestras comunidades religiosas, muchos os sentís desanimados e incluso abandonados. Soy también consciente de que a los ojos de algunos aparecéis tachados de culpables por asociación, y de que os consideran como si fuerais de alguna forma responsable de los delitos de los demás. En este tiempo de sufrimiento, quiero dar acto de vuestra dedicación cómo sacerdotes y religiosos y de vuestro apostolado, y os invito a reafirmar vuestra fe en Cristo, vuestro amor por su Iglesia y vuestra confianza en las promesas evangélicas de la redención, el perdón y la renovación interior. De esta manera, podréis demostrar a todos que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia (cf. Rm 5, 20).</p>
<p>Sé que muchos estáis decepcionados, desconcertados y encolerizados por la manera en que algunos de vuestros superiores abordaron esas cuestiones. Sin embargo, es esencial que cooperéis estrechamente con los que ostentan la autoridad y colaboréis en garantizar que las medidas adoptadas para responder a la crisis sean verdaderamente evangélicas, justas y eficaces. Por encima de todo, os pido que seáis cada vez más claramente hombres y mujeres de oración, que siguen con valentía el camino de la conversión, la purificación y la reconciliación. De esta manera, la Iglesia en Irlanda cobrará nueva vida y vitalidad gracias a vuestro testimonio del poder redentor de Dios que se hace visible en vuestras vidas.</p>
<p>11. A mis hermanos, los obispos</p>
<p>No se puede negar que algunos de vosotros y de vuestros predecesores han fracasado, a veces lamentablemente, a la hora de aplicar las normas, codificadas desde hace largo tiempo, del derecho canónico sobre los delitos de abusos de niños. Se han cometido graves errores en la respuesta a las acusaciones. Reconozco que era muy difícil comprender la magnitud y la complejidad del problema, obtener información fiable y tomar decisiones adecuadas en función de los pareceres contradictorios de los expertos. No obstante, hay que reconocer que se cometieron graves errores de juicio y hubo fallos de dirección. Todo esto ha socavado gravemente vuestra credibilidad y eficacia. Aprecio los esfuerzos llevados a cabo para remediar los errores del pasado y para garantizar que no vuelvan a ocurrir. Además de aplicar plenamente las normas del derecho canónico concernientes a los casos de abusos de niños, seguid cooperando con las autoridades civiles en el ámbito de su competencia. Está claro que los superiores religiosos deben hacer lo mismo. También ellos participaron en las recientes reuniones en Roma con el propósito de establecer un enfoque claro y coherente de estas cuestiones. Es imperativo que las normas de la Iglesia en Irlanda para la salvaguardia de los niños sean constantemente revisadas y actualizadas y que se apliquen plena e imparcialmente, en conformidad con el derecho canónico.</p>
<p>Sólo una acción decisiva llevada a cabo con total honestidad y transparencia restablecerá el respeto y el afecto del pueblo irlandés por la Iglesia a la que hemos consagrado nuestras vidas. Hay que empezar, en primer lugar, por vuestro examen de conciencia personal, la purificación interna y la renovación espiritual. El pueblo de Irlanda, con razón, espera que seáis hombres de Dios, que seáis santos, que viváis con sencillez, y busquéis día tras día la conversión personal. Para ellos, en palabras de San Agustín, sois un obispo, y sin embargo, con ellos estáis llamados a ser un discípulo de Cristo (cf. Sermón 340, 1). Os exhorto a renovar vuestro sentido de responsabilidad ante Dios, para crecer en solidaridad con vuestro pueblo y profundizar vuestra atención pastoral con todos los miembros de vuestro rebaño. En particular, preocupaos por la vida espiritual y moral de cada uno de vuestros sacerdotes. Servidles de ejemplo con vuestra propia vida, estad cerca de ellos, escuchad sus preocupaciones, ofrecedles aliento en este momento de dificultad y alimentad la llama de su amor por Cristo y su compromiso al servicio de sus hermanos y hermanas.</p>
<p>Asimismo, hay que alentar a los laicos a que desempeñen el papel que les corresponde en la vida de la Iglesia. Aseguraos de su formación para que puedan, articulada y convincentemente, dar razón del Evangelio en medio de la sociedad moderna (cf. 1 P 3, 15), y cooperen más plenamente en la vida y misión de la Iglesia. Esto, a su vez, os ayudará a volver a ser guías y testigos creíbles de la verdad redentora de Cristo.</p>
<p>12. A todos los fieles de Irlanda</p>
<p>La experiencia de un joven en la Iglesia debería siempre fructificar en su encuentro personal y vivificador con Jesucristo, dentro de una comunidad que lo ama y lo sustenta. En este entorno, habría que animar a los jóvenes a alcanzar su plena estatura humana y espiritual, a aspirar a los altos ideales de santidad, caridad y verdad y a inspirarse en la riqueza de una gran tradición religiosa y cultural. En nuestra sociedad cada vez más secularizada en la que incluso los cristianos a menudo encuentran difícil hablar de la dimensión trascendente de nuestra existencia, tenemos que encontrar nuevas modos para transmitir a los jóvenes la belleza y la riqueza de la amistad con Jesucristo en la comunión de su Iglesia. Para resolver la crisis actual, las medidas que contrarresten adecuadamente los delitos individuales son esenciales pero no suficientes: hace falta una nueva visión que inspire a la generación actual y a las futuras generaciones a atesorar el don de nuestra fe común. Siguiendo el camino indicado por el Evangelio, observando los mandamientos y conformando vuestras vidas cada vez más a la figura de Jesucristo, experimentaréis con seguridad la renovación profunda que necesita con urgencia nuestra época . Invito a todos a perseverar en este camino.</p>
<p>13. Queridos hermanos y hermanas en Cristo, profundamente preocupado por todos vosotros en este momento de dolor, en que la fragilidad de la condición humana se revela tan claramente, os he querido ofrecer palabras de aliento y apoyo. Espero que las aceptéis como un signo de mi cercanía espiritual y de mi confianza en vuestra capacidad para afrontar los retos del momento actual, recurriendo, como fuente de renovada inspiración y fortaleza a las nobles tradiciones de Irlanda de fidelidad al Evangelio, perseverancia en la fe y determinación en la búsqueda de la santidad. En solidaridad con todos vosotros, ruego con insistencia para que, con la gracia de Dios, las heridas inflingidas a tantas personas y familias puedan curarse y para que la Iglesia en Irlanda experimente una época de renacimiento y renovación espiritual</p>
<p>14. Quisiera proponer, además, algunas medidas concretas para abordar la situación.</p>
<p>Al final de mi reunión con los obispos de Irlanda, les pedí que la Cuaresma de este año se considerase un tiempo de oración para la efusión de la misericordia de Dios y de los dones de santidad y fortaleza del Espíritu Santo sobre la Iglesia en vuestro país. Ahora os invito a todos a ofrecer durante un año, desde ahora hasta la Pascua de 2011, la penitencia de los viernes para este fin. Os pido que ofrezcáis el ayuno, las oraciones, la lectura de la Sagrada Escritura y las obras de misericordia por la gracia de la curación y la renovación de la Iglesia en Irlanda. Os animo a redescubrir el sacramento de la Reconciliación y a utilizar con más frecuencia el poder transformador de su gracia.</p>
<p>Hay que prestar también especial atención a la adoración eucarística, y en cada diócesis debe haber iglesias o capillas específicamente dedicadas a ello. Pido a las parroquias, seminarios, casas religiosas y monasterios que organicen períodos de adoración eucarística, para que todos tengan la oportunidad de participar. Mediante la oración ferviente ante la presencia real del Señor, podéis cumplir la reparación por los pecados de abusos que han causado tanto daño y al mismo tiempo, implorar la gracia de una fuerza renovada y un sentido más profundo de misión por parte de todos los obispos, sacerdotes, religiosos y fieles.</p>
<p>Estoy seguro de que este programa conducirá a un renacimiento de la Iglesia en Irlanda en la plenitud de la verdad de Dios, porque la verdad nos hace libres (cf. Jn 8, 32).</p>
<p>Además, después de haber rezado y consultado sobre el tema, tengo la intención de convocar una Visita Apostólica en algunas diócesis de Irlanda, así como en los seminarios y congregaciones religiosas. La visita tiene por objeto ayudar a la Iglesia local en su camino de renovación y se establecerá en cooperación con las oficinas competentes de la Curia Romana y de la Conferencia Episcopal Irlandesa. Los detalles serán anunciados en su debido momento.</p>
<p>También propongo que se convoque una misión a nivel nacional para todos los obispos, sacerdotes y religiosos. Espero que gracias a los conocimientos de predicadores expertos y organizadores de retiros en Irlanda, y en otros lugares , mediante la revisión de los documentos conciliares, los ritos litúrgicos de la ordenación y profesión, y las recientes enseñanzas pontificias, lleguéis a una valoración más profunda de vuestras vocaciones respectivas, a fin de redescubrir las raíces de vuestra fe en Jesucristo y de beber a fondo en las fuentes de agua viva que os ofrece a través de su Iglesia.</p>
<p>En este año dedicado a los sacerdotes, os propongo de forma especial la figura de San Juan María Vianney, que tenía una rica comprensión del misterio del sacerdocio. &#8220;El sacerdote —escribió— tiene la llave de los tesoros de los cielos: es el que abre la puerta, es el mayordomo del buen Dios, el administrador de sus bienes.&#8221; El cura de Ars entendió perfectamente la gran bendición que supone para una comunidad un sacerdote bueno y santo: “Un buen pastor, un pastor conforme al corazón de Dios es el tesoro más grande que Dios puede dar a una parroquia y uno de los más preciosos dones de la misericordia divina &#8220;.Que por la intercesión de San Juan María Vianney se revitalice el sacerdocio en Irlanda y toda la Iglesia en Irlanda crezca en la estima del gran don del ministerio sacerdotal.</p>
<p>Aprovecho esta oportunidad para dar las gracias anticipadamente a todos aquellos que ya están dedicados a la tarea de organizar la Visita Apostólica y la Misión, así como a los muchos hombres y mujeres en toda Irlanda que ya están trabajando para proteger a los niños en los ambientes eclesiales. Desde el momento en que se comenzó a entender plenamente la gravedad y la magnitud del problema de los abusos sexuales de niños en instituciones católicas, la Iglesia ha llevado a cabo una cantidad inmensa de trabajo en muchas partes del mundo para hacerle frente y ponerle remedio. Si bien no se debe escatimar ningún esfuerzo para mejorar y actualizar los procedimientos existentes, me anima el hecho de que las prácticas vigentes de tutela, adoptadas por las iglesias locales, se consideran en algunas partes del mundo, un modelo para otras instituciones.</p>
<p>Quiero concluir esta carta con una Oración especial por la Iglesia en Irlanda, que os dejo con la atención que un padre presta a sus hijos y el afecto de un cristiano como vosotros, escandalizado y herido por lo que ha ocurrido en nuestra querida Iglesia. Cuando recéis esta oración en vuestras familias, parroquias y comunidades, la Santísima Virgen María os proteja y guíe a cada uno de vosotros a una unión más estrecha con su Hijo, crucificado y resucitado. Con gran afecto y confianza inquebrantable en las promesas de Dios, os imparto a todos mi bendición apostólica como prenda de fortaleza y paz en el Señor.</p>
<p>Desde el Vaticano, 19 de marzo de 2010, Solemnidad de San José,</p>
<p>BENEDICTUS PP. XVI</p>
<p>ORACIÓN POR LA IGLESIA EN IRLANDA</p>
<p>Dios de nuestros padres,<br />
renuévanos en la fe que es nuestra vida y salvación,<br />
en la esperanza que promete el perdón y la renovación interior,<br />
en la caridad que purifica y abre nuestros corazones<br />
en tu amor , y a través de ti en el amor de todos nuestros hermanos y hermanas.</p>
<p>Señor Jesucristo,<br />
Que la Iglesia en Irlanda renueve su compromiso milenario<br />
en la formación de nuestros jóvenes en el camino de la verdad, la bondad, la santidad y el servicio generoso a la sociedad.</p>
<p>Espíritu Santo, consolador, defensor y guía,<br />
inspira una nueva primavera de santidad y entrega apostólica<br />
para la Iglesia en Irlanda.</p>
<p>Que nuestro dolor y nuestras lágrimas,<br />
nuestro sincero esfuerzo para enderezar los errores del pasado<br />
y nuestro firme propósito de enmienda,<br />
den una cosecha abundante de gracia<br />
para la profundización de la fe<br />
en nuestras familias, parroquias, escuelas y asociaciones,<br />
para el progreso espiritual de la sociedad irlandesa,<br />
y el crecimiento de la caridad. la justicia, la alegría y la paz en toda la familia humana.</p>
<p>A ti, Trinidad,<br />
con plena confianza en la protección de María,<br />
Reina de Irlanda, Madre nuestra,<br />
y de San Patricio, Santa Brígida y todos los santos,<br />
nos confiamos nosotros mismos, nuestros hijos,<br />
y confiamos las necesidades de la Iglesia en Irlanda.</p>
<p>© Copyright 2010 &#8211; Libreria Editrice Vaticana</p>
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		<title>AMAR AL PECADOR, CONDENAR EL PECADO</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Mar 2010 05:33:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>MJ</dc:creator>
				<category><![CDATA[DOCUMENTOS]]></category>

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		<description><![CDATA[Benedicto XVI durante el rezo del Ángelus el domingo
Ofrecemos a continuación las palabras pronunciadas hoy por el Papa al introducir el rexo del Ángelus, con los peregrinos congregados en la Plaza de san Pedro.
Queridos hermanos y hermanas,
Hemos llegado al Quinto Domingo de Cuaresma, en el que la liturgia nos propone, este año, el episodio evangéligo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Benedicto XVI durante el rezo del Ángelus el domingo<br />
Ofrecemos a continuación las palabras pronunciadas hoy por el Papa al introducir el rexo del Ángelus, con los peregrinos congregados en la Plaza de san Pedro.</p>
<p>Queridos hermanos y hermanas,</p>
<p>Hemos llegado al Quinto Domingo de Cuaresma, en el que la liturgia nos propone, este año, el episodio evangéligo de Jesús que salva a una mujer adúltera de la condena a muerte (Jn 8,1-11). Mientras está enseñando en el Templo, los escribas y los fariseos llevan a Jesús una mujer sorprendida en adulterio, para la que la ley mosaica preveía la lapidación. Esos hombres pidieron a Jesús que juzgara a la pecadora con el fin de “ponerle a prueba” y de empujarle a dar un paso en falso. La escena misma está llena de dramatismo: de las palabras de Jesús depende la vida de esa persona, pero también su propia vida. Los acusadores hipócritas, de hecho, fingen confiarle el juicio, mientras que en realidad es precisamente a Él a quien quieren acusar y juzgar. Jesús, en cambio, está “lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14): Él sabe lo que hay en el corazón del hombre, quiere condenar el pecado, pero salvar al pecador, y desenmascarar la hipocresía. El evangelista san Juan da relieve a un detalle: mientras los acusadores le preguntan con insistencia, Jesús se inclina y se pone a escribir con el dedo en tierra. Observa san Agustín que ese gesto muestra a Cristo como el legislador divino: de hecho, Dios escribió la ley con su dedo en tablas de piedra (cfr Com. al Ev. de Jn., 33, 5). Jesús es por tanto el Legislador, es la Justicia en persona. ¿Y cuál es su sentencia? “Quien de vosotros esté sin pecado, que le tire la primera piedra”. Estas palabras están llenas de la fuerza desarmante de la verdad, que abate el muro de la hipocresía y abre las conciencias a una justicia más grande, la del amor, en el cual consiste el pleno cumplimiento de todo precepto (cfr Rm 13,8-10). Es la justicia que salvó también a Saulo de Tarso, transformándolo en san Pablo (cfr Fl 3,8-14).</p>
<p>Cuando los acusadors “se fueron uno a uno, comenzando por los más ancianos”, Jesús, absolviendo a la mujer de su pecado, la introduce en una nueva vida, orientada al bien: “Tampoco yo te condeno: vete y en adelante no peques más”. Es la misma gracia que hará decir al Apóstol: “Pero una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús” (Fl 3,14). Dios desea para nosotros solo el bien y la vida. Él provee a la salud de nuestra alma por medio de sus ministros, liberándolos del mal con el Sacramento de la Reconciliación, para que ninguno se pierda, sino que todos tengan la manera de convertirse. En este Año Sacerdotal, deseo exhortar a los Pastores a imitar al Santo Cura de Ars en el ministerio del Perdón sacramental, para que los fieles redescubran su significado y su belleza, y sean curados por el amor misericordioso de Dios, el cual &#8220;nos empuja hasta abandonar voluntariamente el pecado, además de perdonarnos&#8221; (Carta de convotacoria del Año Sacerdotal).</p>
<p>Queridos amigos, aprendamos del Señor Jesús a no juzgar y a no condenar al prójimo. Aprendamos a ser intransigentes con el pecado &#8211; ¡empezando por el nuestro! &#8211; e indulgentes con las personas. Que nos ayude en esto la Santa Madre de Dios que, exenta de toda culpa, es mediadora de gracia para todo pecador arrepentido.</p>
<p>[Después del Ángelus, dijo en español]</p>
<p>Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular al grupo de jóvenes del Instituto de Enseñanza Sofía Casanova, de Ferrol. Ante la proximidad de la semana santa, os animo a todos a intensificar vuestro camino de preparación para la pascua, mediante la oración, la limosna y el ayuno. Que la contemplación piadosa y frecuente de los misterios de la pasión del Señor suscite en todos una nueva y más profunda conversión, que nos haga vivir ya para siempre de aquel mismo amor que llevó a Cristo a entregarse en la cruz por nuestra salvación. Feliz domingo. (de zenit.org)</p>
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		<title>&#8220;DIÁLOGO DE SALVACIÓN&#8221; CON LOS PENITENTES.</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Mar 2010 09:27:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>MJ</dc:creator>
				<category><![CDATA[DOCUMENTOS]]></category>

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		<description><![CDATA[Benedicto XVI recibió hoy a los participantes en el curso anual sobre el Fuero Interno organizado por la Penitenciaría Apostólica, que han manifestado &#8220;la fuerte exigencia de profundizar en una temática esencial para el ministerio y la vida de los presbíteros&#8221;.
El Papa recordó que el curso coincidía esta vez con el Año Sacerdotal, dedicado a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Benedicto XVI recibió hoy a los participantes en el curso anual sobre el Fuero Interno organizado por la Penitenciaría Apostólica, que han manifestado &#8220;la fuerte exigencia de profundizar en una temática esencial para el ministerio y la vida de los presbíteros&#8221;.</p>
<p>El Papa recordó que el curso coincidía esta vez con el Año Sacerdotal, dedicado a San Juan María Vianney, que &#8220;ejerció de forma heroica y fecunda el ministerio de la reconciliación. (&#8230;) Del Santo Cura de Ars, nosotros, sacerdotes, podemos aprender no solamente una confianza inagotable en el Sacramento de la Penitencia que nos lleve a volverlo a colocar en el centro de nuestras preocupaciones pastorales, sino también el método del &#8220;diálogo de salvación&#8221; que en él debe tener lugar&#8221;.</p>
<p>&#8220;La conciencia de las limitaciones propias y la necesidad de recurrir a la Misericordia Divina para pedir perdón, para convertir el corazón y ser sostenidos en el camino de la santidad son fundamentales en la vida del sacerdote: solo los que han experimentado en primera persona su grandeza pueden anunciar con convicción y administrar la Misericordia de Dios&#8221;, afirmó el Santo Padre.</p>
<p>El contexto cultural actual, &#8220;caracterizado por la mentalidad hedonista y relativista, que tiende a cancelar a Dios del horizonte de la vida, no favorece la visión de un claro marco de valores de referencia y no ayuda a discernir el bien del mal, ni a madurar el justo sentido del pecado&#8221;, no es tan diferente del que vivió San Juan María Vianney, en cuya época &#8220;existía una mentalidad hostil a la fe, expresada por fuerzas que intentaban incluso impedir el ejercicio del ministerio&#8221;.</p>
<p>&#8220;En esas circunstancias, el Santo Cura de Ars hizo de la &#8220;iglesia su casa&#8221;, para llevar los seres humanos hacia Dios, (&#8230;) presentándose a sus contemporáneos como un signo totalmente evidente de la presencia de Dios que tantos penitentes se sintieron llevados a acercarse a su confesionario&#8221;, explicó el Papa. Por eso, es necesario, añadió, que &#8220;los presbíteros vivan con espíritu elevado su respuesta a la vocación, porque solo los que cada día son presencia viva y clara del Señor pueden suscitar en los fieles el sentido del pecado, dar valor y hacer que nazca el deseo del perdón de Dios&#8221;.</p>
<p>&#8220;La &#8220;crisis&#8221; del Sacramento de la Penitencia, de la que se habla tanto, interpela ante todo a los sacerdotes y a su gran responsabilidad de educar al Pueblo de Dios en las exigencias radicales del Evangelio&#8221;, subrayó el pontífice. &#8220;En particular, les pide que se dediquen generosamente a la escucha de las confesiones sacramentales; que conduzcan con valor a su rebaño para que no se conforme a la mentalidad de este mundo, sino que sepa tomar decisiones también contracorriente, evitando acomodaciones o compromisos&#8221;.</p>
<p>Por último, Benedicto XVI invitó a los sacerdotes a entablar con los penitentes el &#8220;diálogo de salvación&#8221; propuesto por el Cura de Ars. Un diálogo que &#8220;naciendo de la certeza de ser amados por Dios, ayuda al ser humano a reconocer sus pecados y a introducirse progresivamente en la dinámica estable de conversión del corazón que desemboca en la renuncia radical del mal y en una vida según Dios quiere&#8221;. (de archimadrid.es)</p>
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		<title>“LA CUARESMA ES EL MOMENTO PROPICIO PARA REDESCUBIR EL AMOR DE DIOS POR CADA UNO DE NOSOTROS&#8221;, escribe el Arzobispo de Mombasa</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Feb 2010 06:53:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>MJ</dc:creator>
				<category><![CDATA[DOCUMENTOS]]></category>

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		<description><![CDATA[“La Cuaresma nos ayuda a vivir el sufrimiento, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo”, escribe Su Excelencia Mons. Boniface Lele, Arzobispo de Mombasa, Kenya, en su mensaje cuaresmal, remitido a la Agencia Fides.
“Dos acontecimientos de la vida de Nuestro Señor nos ayudan a entender la Cuaresma”, afirma Mons. Lele. “El primero, antes de que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“La Cuaresma nos ayuda a vivir el sufrimiento, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo”, escribe Su Excelencia Mons. Boniface Lele, Arzobispo de Mombasa, Kenya, en su mensaje cuaresmal, remitido a la Agencia Fides.<br />
“Dos acontecimientos de la vida de Nuestro Señor nos ayudan a entender la Cuaresma”, afirma Mons. Lele. “El primero, antes de que Jesús comenzase su ministerio público se fue al desierto para orar y ayunar por cuarenta días. El segundo, cuando se acercaba el momento de dar su vida por nosotros, emprendió el viaje a Jerusalén, sabiendo que iba al encuentro de la muerte”. “¿Qué le dio el coraje y la fuerza necesaria?”, se pregunta Mons. Lele. La respuesta está en el bautismo que el Mesías ha recibido de Juan el Bautista antes de entrar en el desierto” (Mc 1, 9 &#8211; 11).</p>
<p>“En el Bautismo de Jesús, Dios Padre ha dejado claro que Jesús es el hijo predilecto, y ha subrayado la eterna relación entre el Padre y el Hijo. En el bautismo se nos compara a Jesús como sus hermanos y hermanas. Dios Padre nos ha dicho a través de Jesús, su Hijo: “Tú eres mi hijo/hija amado”. La realidad más importante durante la Cuaresma, y en realidad de siempre, es para cada uno de nosotros el ser conscientes y aceptar que somos amados del Señor, nuestro Dios. Esta conciencia nos debería ayudar a ser agradecidos, pero también humildes. No nos merecemos un amor inconmensurable como el de nuestro Dios, pero Él nos ama igualmente más de lo que podremos jamás entender”, dice el mensaje.</p>
<p>“Debemos ser humildes y aceptar su amor, pero también ser conscientes de que Él nos ama a todos por igual, incluso aquellos que no lo saben”, continúa Mons. Lele. “El tiempo de Cuaresma es un tiempo para mirar y aceptar a los demás como nuestros hermanos y hermanas. Debemos estar dispuestos a sacrificar todo lo que podamos para ayudar a los demás, especialmente a los enfermos, los pobres y marginados. Debemos tratar de aceptar los sufrimientos que pueden ser inevitables en nuestras vidas. Debemos tratar de renunciar a algunas distracciones para ayudarnos a crecer como Jesús y, si es necesario, ser capaces de ayudar a otros en necesidad. Todos somos parte del amor del Padre celestial”, concluye el mensaje. (L.M.)</p>
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		<title>&#8220;CONTRA EL HAMBRE, DEFIENDE LA TIERRA&#8221;</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Feb 2010 06:46:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>MJ</dc:creator>
				<category><![CDATA[DOCUMENTOS]]></category>

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		<description><![CDATA[Carta Pastoral del Emmo. y Rvdmo. Sr. D. Antonio Mª Rouco Varela,
Cardenal Arzobispo de Madrid,
con motivo de la LI Campaña contra el hambre de Manos Unidas.
Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor:
Desde el principio de la creación Dios contempla todas las cosas creadas y se complace en la obra de sus manos (cf. Gn [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Carta Pastoral del Emmo. y Rvdmo. Sr. D. Antonio Mª Rouco Varela,<br />
Cardenal Arzobispo de Madrid,<br />
con motivo de la LI Campaña contra el hambre de Manos Unidas.</p>
<p>Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor:</p>
<p>Desde el principio de la creación Dios contempla todas las cosas creadas y se complace en la obra de sus manos (cf. Gn 1). De modo singular, encuentra su complacencia en los hijos de los hombres. Por su parte, el hombre, la criatura que porta en sí misma la imagen del mismo Dios, se alegra al contemplar la belleza y perfección del cosmos.</p>
<p>La creación entera es el “jardín” que Dios ha regalado al hombre como lugar donde vivir, aún más, el medio ambiente idóneo en el que llevar a cabo su vocación a la bienaventuranza divina. La tierra ha sido dada a los hombres para que, cuidándola y gobernándola, extraiga de ella el alimento necesario para su subsistencia y los demás bienes que deben ayudarle a alcanzar su desarrollo pleno y armonioso. A través de este primer don, se le ha concedido al hombre la ocasión de encontrar a Dios y alabarle como su Creador (cf. Rm 1, 18). Observamos con tristeza, sin embargo, que no siempre ha sido así. El pecado, además de dañar las relaciones con Dios, con los hermanos y consigo mismo, ha oscurecido en el corazón del hombre su capacidad para hallar el verdadero sentido de todo lo creado.</p>
<p>Benedicto XVI nos ha recordado, en su reciente encíclica Caritas in veritate, que cuando se entiende la creación y, en primer lugar, la naturaleza humana, como un fruto del azar, se difumina la responsabilidad (cf. n. 48). Al no asumir que la creación es un don recibido, el hombre pierde la relación con el Creador. En consecuencia, la creación queda rebajada hasta el extremo de no tener un destino mayor que el de ser un puro instrumento de producción y explotación. Es claro que esta visión conduce a inaceptables abusos de la naturaleza, que, como acaba de señalar el Santo Padre en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año, ponen “en serio peligro la disponibilidad de algunos recursos naturales, no sólo para la presente generación, sino sobre todo para las futuras”. Por lo demás, la utilización desconsiderada de los bienes de la tierra tiene un innegable efecto negativo, que afecta con singular fuerza a los pueblos menos desarrollados, pues ellos sufren con mayor virulencia las consecuencias del comportamiento egoísta de los países más desarrollados.</p>
<p>Por ello, hemos de tomar conciencia una vez más de la “urgente necesidad moral de una renovada solidaridad intrageneracional, especialmente en las relaciones entre países en vías de desarrollo y aquellos altamente industrializados” (n. 49). Esta solidaridad nos invita a revisar seriamente el uso que hacemos de los recursos de la tierra, sin olvidar que han sido dados por Dios para beneficio de todos los hombres, y no para el bienestar y el lucro de unos pocos.</p>
<p>Con motivo de su LI Campaña, bajo el lema “Contra el hambre, defiende la tierra”, Manos Unidas, asociación pública de fieles de la Iglesia en España para la ayuda al desarrollo, ha querido despertar nuestra conciencia sobre este punto imprescindible a la hora de trabajar por un desarrollo integral del hombre. La Iglesia, dice Benedicto XVI, “tiene una responsabilidad respecto a la creación y se siente en el deber de ejercerla también en el ámbito público, para defender la tierra, el agua y el aire, dones de Dios Creador para todos, y sobre todo para proteger al hombre frente al peligro de la destrucción de sí mismo”. Esta defensa de la creación no puede plantearse al margen de los problemas que afectan a la persona humana, centro del cosmos, como habitualmente se hace. Por ello, son especialmente luminosas las palabras del Papa que apuntan a la contradicción de posturas actuales en el campo de la defensa de la ecología cuando no van acompañadas de la defensa de la persona humana: “Si no se respeta el derecho a la vida y a la muerte natural, si se hace artificial la concepción, la gestación y el nacimiento del hombre, si se sacrifican embriones humanos a la investigación, la conciencia común acaba perdiendo el concepto de ecología humana y con ello de la ecología ambiental. Es una contradicción pedir a las nuevas generaciones el respeto al ambiente natural, cuando la educación y las leyes no las ayudan a respetarse a sí mismas. El libro de la naturaleza es uno e indivisible, tanto en lo que concierne a la vida, la sexualidad, el matrimonio, la familia, las relaciones sociales, en una palabra, el desarrollo humano integral. Los deberes que tenemos con el ambiente están relacionados con los que tenemos para con la persona considerada en sí misma y en su relación con los otros. No se pueden exigir unos y conculcar otros. Es una grave antinomia de la mentalidad y de la praxis actual, que envilece a la persona, trastorna el ambiente y daña a la sociedad” (n. 51).</p>
<p>Pidamos a Santa María de la Almudena, Reina de todo lo creado, que haga muy fecunda la campaña de Manos Unidas, aliente a todos los que la hacen posible y sirva para que la creación, nacida de las manos del Creador, tienda siempre a Él, cuidada y gobernada por el hombre, que ha recibido de Dios la responsabilidad de respetar su fin último: ser alabanza de Dios y lugar donde el hombre alcance la realización de sí mismo en perfecta comunión con todos los hombres.</p>
<p>Con todo afecto y mi bendición,</p>
<p>14 febrero 2010</p>
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		<title>MENSAJE DE NAVIDAD DE BENEDICTO XVI  2009</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Dec 2009 18:55:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>MJ</dc:creator>
				<category><![CDATA[DOCUMENTOS]]></category>

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		<description><![CDATA[“Hoy brillará una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor”
Mensaje de Navidad que pronunció Benedicto XVI a mediodía del 25 de diciembre desde el balcón de la fachada de la Basílica de San Pedro del Vaticano, antes de impartir su bendición &#8220;urbi et orbi&#8221;.
Queridos hermanos y hermanas de Roma y del mundo entero,
y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“Hoy brillará una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor”</p>
<p>Mensaje de Navidad que pronunció Benedicto XVI a mediodía del 25 de diciembre desde el balcón de la fachada de la Basílica de San Pedro del Vaticano, antes de impartir su bendición &#8220;urbi et orbi&#8221;.</p>
<p>Queridos hermanos y hermanas de Roma y del mundo entero,<br />
y a todos vosotros, hombres y mujeres a quien Dios ama<br />
&#8220;Lux fulgebit hodie super nos,<br />
quia natus est nobis Dominus.<br />
Hoy brillará una luz sobre nosotros,<br />
porque nos ha nacido el Señor&#8221;<br />
(Misal Romano, Natividad del Señor, Misa de la aurora, Antífona de entrada).</p>
<p>La liturgia de la Misa de la aurora nos ha recordado que la noche ya pasó, el día está avanzado; la luz que proviene de la gruta de Belén resplandece sobre nosotros.<br />
Pero la Biblia y la Liturgia no nos hablan de la luz natural, sino de una luz diferente, especial, de algún modo proyectada y orientada hacia un &#8220;nosotros&#8221;, el mismo &#8220;nosotros&#8221; por el que el Niño de Belén &#8220;ha nacido&#8221;. Este &#8220;nosotros&#8221; es la Iglesia, la gran familia universal de los creyentes en Cristo, que han aguardado con esperanza el nuevo nacimiento del Salvador, y hoy celebran en el misterio la perenne actualidad de este acontecimiento.</p>
<p>Al principio, en torno al pesebre de Belén, ese &#8220;nosotros&#8221; era casi invisible a los ojos de los hombres. Como nos dice el Evangelio de san Lucas, incluía, además de a María y José, a unos pocos sencillos pastores, que llegaron a la gruta avisados por los Ángeles. La luz de la primera Navidad fue como un fuego encendido en la noche. Todo alrededor estaba oscuro, mientras en la gruta resplandecía la luz verdadera &#8220;que alumbra a todo hombre&#8221; (Juan 1,9). Y, no obstante, todo sucede con sencillez y en lo escondido, según el estilo con el que Dios actúa en toda la historia de la salvación. Dios quiere ir poniendo focos de luz concretos, para dar luego claridad hasta el horizonte. La Verdad, como el Amor, que ella contiene, se enciende allí donde la luz es acogida, difundiéndose después en círculos concéntricos, casi por contacto, en los corazones y en las mentes de los que, abriéndose libremente a su resplandor, se convierten a su vez en fuentes de luz. Es la historia de la Iglesia que comienza su camino en la gruta pobre de Belén, y a través de los siglos se convierte en Pueblo y fuente de luz para la humanidad. También hoy, por medio de quienes van al encuentro del Niño Jesús, Dios sigue encendiendo fuegos en la noche del mundo, para llamar a los hombres a que reconozcan en Él el &#8220;signo&#8221; de su presencia salvadora y liberadora, extendiendo el &#8220;nosotros&#8221; de los creyentes en Cristo a toda la humanidad.</p>
<p>Dondequiera que haya un &#8220;nosotros&#8221; que acoge el amor de Dios, allí resplandece la luz de Cristo, incluso en las situaciones más difíciles. La Iglesia, como la Virgen María, ofrece al mundo a Jesús, el Hijo que ella misma ha recibido como un don, y que ha venido para liberar al hombre de la esclavitud del pecado. Como María, la Iglesia no tiene miedo, porque aquel Niño es su fuerza. Pero no se lo guarda para sí: lo ofrece a cuantos lo buscan con corazón sincero, a los humildes de la tierra y a los afligidos, a las víctimas de la violencia, a todos los que desean ardientemente el bien de la paz. También hoy, dirigiéndose a la familia humana profundamente marcada por una grave crisis económica, pero antes de nada de carácter moral, y por las dolorosas heridas de guerras y conflictos, la Iglesia repite con los pastores, queriendo compartir y ser fiel al hombre: &#8220;Vamos derechos a Belén&#8221; (Lc 2,15), allí encontraremos nuestra esperanza.</p>
<p>El &#8220;nosotros&#8221; de la Iglesia vive donde nació Jesús, en Tierra Santa, para invitar a sus habitantes a que abandonen toda lógica de violencia y venganza, y se comprometan con renovado vigor y generosidad en el camino hacia una convivencia pacífica. El &#8220;nosotros&#8221; de la Iglesia está presente en los demás Países del Medio Oriente. ¿Cómo no pensar en la borrascosa situación en Irak y en el aquel pequeño rebaño de cristianos que vive en aquella región? Sufre a veces violencias e injusticias, pero está siempre dispuesto a dar su propia contribución a la edificación de la convivencia civil, opuesta a la lógica del enfrentamiento y del rechazo de quien está al lado. El &#8220;nosotros&#8221; de la Iglesia está activo en Sri Lanka, en la Península coreana y en Filipinas, como también en otras tierras asiáticas, como fermento de reconciliación y de paz. En el continente africano, no cesa de elevar su voz a Dios para implorar el fin de todo abuso en la República Democrática del Congo; invita a los ciudadanos de Guinea y del Níger al respeto de los derechos de toda persona y al diálogo; pide a los de Madagascar que superen las divisiones internas y se acojan mutuamente; recuerda a todos que están llamados a la esperanza, a pesar de los dramas, las pruebas y las dificultades que los siguen afligiendo. En Europa y en América septentrional, el &#8220;nosotros&#8221; de la Iglesia impulsa a superar la mentalidad egoísta y tecnicista, a promover el bien común y a respetar a los más débiles, comenzando por los que aún no han nacido. En Honduras, ayuda a retomar el camino institucional; en toda Latinoamérica, el &#8220;nosotros&#8221; de la Iglesia es factor de identidad, plenitud de verdad y caridad que no puede ser reemplazado por ninguna ideología, un llamamiento al respeto de los derechos inalienables de cada persona y a su desarrollo integral, anuncio de justicia y hermandad, fuente de unidad.</p>
<p>Fiel al mandato de su Fundador, la Iglesia es solidaria con los afectados por las calamidades naturales y por la pobreza, también en las sociedades opulentas. Ante el éxodo de quienes emigran de su tierra y a causa del hambre, la intolerancia o el deterioro ambiental se ven forzados a marchar lejos, la Iglesia es una presencia que llama a la acogida. En una palabra, la Iglesia anuncia por doquier el Evangelio de Cristo, no obstante las persecuciones, las discriminaciones, los ataques y la indiferencia, a veces hostil, que más bien le permiten compartir la suerte de su Maestro y Señor.</p>
<p>Queridos hermanos y hermanas, qué gran don es formar parte de una comunión que es para todos. Es la comunión de la Santísima Trinidad, de cuyo corazón ha descendido al mundo el Enmanuel, Jesús, Dios-con-nosotros. Como los pastores de Belén, contemplemos embargados de maravilla y gratitud este misterio de amor y luz. Feliz Navidad a todos.</p>
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		<title>CREO QUE ESTO ES LO QUE ME HA PEDIDO UNO DE VOSOTROS. TODOS SOMOS EDUCADORES ¿VERDAD?</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Nov 2009 04:00:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>MJ</dc:creator>
				<category><![CDATA[DOCUMENTOS]]></category>
		<category><![CDATA[Destacados]]></category>

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		<description><![CDATA[VISITA PASTORAL A LA TIERRA DE SAN JUAN BOSCO
DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS EDUCADORES REUNIDOS EN LA CATEDRAL DE TURÍN
Domingo 4 de octubre de 1988
Queridísimos hermanos y hermanas en Cristo:
1. Estoy particularmente contento de encontrarme entre vosotros en esta estupenda catedral de Turín, en la que se simboliza y realiza la unidad [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>VISITA PASTORAL A LA TIERRA DE SAN JUAN BOSCO</p>
<p>DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br />
A LOS EDUCADORES REUNIDOS EN LA CATEDRAL DE TURÍN</p>
<p>Domingo 4 de octubre de 1988</p>
<p>Queridísimos hermanos y hermanas en Cristo:</p>
<p>1. Estoy particularmente contento de encontrarme entre vosotros en esta estupenda catedral de Turín, en la que se simboliza y realiza la unidad de esta arquidiócesis, muy querida para mí. En efecto, es muy rica en historia y fidelidad, laboriosidad y generosidad en favor del Evangelio, rica en fe y testimonio de amor en el heroico seguimiento de Cristo y en el servicio desinteresado hacia todos los hermanos, pero sobre todo hacia los más pobres y necesitados.</p>
<p>Quiero dar las gracias a vuestro portavoz, que ha presentado la historia y la realidad de la educación en Turín, famosa por los nombres de muchos educadores, sobre todo de San Juan Bosco, y que ha presentado una y otra cosa de forma tan real y concreta.</p>
<p>Considero privilegiado este encuentro con vosotros, queridos educadores comprometidos en el mundo de la escuela; lo considero privilegiado porque realizáis una de las tareas más importantes y delicadas para el futuro de la Iglesia y de la sociedad.</p>
<p>Este encuentro se encuadra en la celebración del primer centenario de la muerte de San Juan Bosco, &#8220;padre y maestro de la juventud&#8221;, &#8220;misionero de los jóvenes&#8221; (Mensaje de apertura del capítulo general, 10 de enero de 1984). Celebrar un centenario es un acontecimiento profundamente significativo. Significa custodiar una preciosa herencia histórica y espiritual y poseer la gracia de hacerla reflorecer. Es una invitación a reunirnos para mirar y profundizar la trayectoria de un hombre que, inspirado e iluminado por Cristo, supo vivir y difundir con claridad el contenido y la praxis de un nuevo estilo de vida, vivido a la luz del Evangelio.</p>
<p>A cien años de distancia, la Iglesia quiere volver a expresar el testimonio y la fuerza de la fe de Don Bosco en el valor de la educación como servicio urgente e improrrogable para superar el drama de la ruptura entre el Evangelio y la cultura (Evangelii nuntiandi, 20).</p>
<p>2. He venido hoy aquí entre vosotros para manifestar mi apasionada predilección por la juventud, para reafirmar, como tuve ocasión de señalar ante los miembros de la UNESCO, que, &#8220;la primera y especial tarea de la cultura en general, y también de toda cultura es la educación. La educación consiste, en efecto en que el hombre llegue a ser cada vez más hombre, que pueda &#8217;ser&#8217; más y no sólo que pueda &#8216;tener&#8217; más, y que, en consecuencia, a través de todo lo que &#8216;tiene&#8217;, todo lo que &#8216;posee&#8217;, sepa &#8217;ser&#8217; más plenamente hombre&#8221; (Alocución a la UNESCO, 2 de junio, 1980, n. 11; L&#8217;Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 15 de junio, 1980, pág. 12).</p>
<p>¡Si, estoy aquí para deciros que seáis cada vez más conscientes de la misión que os han confiado los padres en orden a la educación de sus hijos! Ellos han depositado su confianza en vosotros. La Iglesia, por otra parte, os considera como cooperadores suyos en la formación de los jóvenes y constructores de la dignidad de la persona.</p>
<p>Os corresponde ofrecer a los jóvenes estudiantes la verdad sobre el hombre y enseñarles a analizar los nuevos conocimientos. Pocos retos son tan estimulantes como la instrucción, sobre todo la que se imparte en la hora de religión, y pocos tan difíciles por la sabiduría y creatividad profética que le son requeridas.</p>
<p>3. Como educadores y trabajadores de la escuela, experimentáis las ambigüedades y graves conflictos que caracterizan a la sociedad actual. Como ya observé en la carta para el centenario &#8220;la situación juvenil del mundo actual —al siglo de la muerte del Santo— es muy distinta y, como saben educadores y Pastores, presenta condiciones y aspectos multiformes&#8221; (Iuvenum Patris, 6).</p>
<p>Las profundas y numerosas mutaciones científicas y teológicas que continúan marcando nuestra época han roto la estabilidad, con todas las ventajas e inconvenientes que presenta. En el corto espacio de una generación hemos podido ver cambios enormes en los valores sociales y en las situaciones económicas. La crisis que estamos afrontando es la crisis del hombre rasgado por su contexto y relaciones.</p>
<p>Aunque &#8220;no faltan hoy día, entre los jóvenes de todo el mundo, grupos auténticamente sensibles a los valores del espíritu, deseosos de ayuda y apoyo en la maduración de su personalidad&#8221; (Iuvenum Patris, 6), sin embargo no les son ajenas las ambigüedades, las antinomias y contradicciones que se manifiestan, especialmente cuando los jóvenes se encuentran hundidos, amenazados y a menudo aplastados por un universo amorfo, unidimensional y deshumanizante y cuando los valores del Evangelio parecen quizá aplastados por la pobreza extendida a todos los niveles, por el exceso de informaciones contradictorias y sin escala de valores, por la falta de sentido de la vida y por la angustia de las incertidumbres del futuro, por la carencia de ideales, por un cierto &#8220;dejarse llevar&#8221; que puede llegar a la criminalidad y al consumismo perjudicial hasta el punto de corroer el amor y esterilizar la vida.</p>
<p>A este complejo cuadro que condiciona no poco a la juventud, se añade la crisis de la escuela, la cual sufre a menudo por la carencia de valores que ofrecer a los jóvenes y es infecunda para generar sabiduría y cultura; y la crisis de la familia en la que tal vez el amor es sofocado.</p>
<p>¡He aquí un desafío que requiere un compromiso urgente en la tarea educadora!</p>
<p>Como maestros y formadores debéis tratar de afrontar con inteligencia creativa estos cambios, que son la situación diaria de vuestro servicio profesional y el ámbito de vuestro testimonio cristiano.</p>
<p>4. En este mundo contemporáneo, Cristo quiere estar de nuevo presente con toda la fuerza desbordante de su misterio de amor. Quiere salir al encuentro del hombre de hoy, mediante maestros y formadores que sean verdaderos educadores, enriquecidos por una fuerte predilección hacia los jóvenes, sacada de Cristo que posee la verdad sobre el hombre, y dotados de una gran sabiduría para humanizar todos los nuevos descubrimientos (cf. Familiaris consortio, <img src='http://www.fevivida.com/blog/wp-includes/images/smilies/icon_cool.gif' alt='8)' class='wp-smiley' /> y para restaurar la armonía de la persona.</p>
<p>El mundo hoy necesita, por su parte, maestros dotados de un pensamiento fuerte que pueda conducir al hombre a su puesto originario y, por otra, formadores ricos en creatividad para superar la creciente distancia entre la civilización humana y la fe cristiana, y restablecer la alianza entre ciencia y sabiduría (cf. Familiaris consortio, 8). Hará falta enriquecer al mismo tiempo el saber, incitar a la acción solidaria y resucitar la vida interior.</p>
<p>Por tanto, se hace necesario recuperar la conciencia del primado de las verdades y valores perennes de la persona humana en cuanto tal: afrontar con firmeza el desafío de dar una educación que en sus programas atienda más al hombre y a la dignidad de su persona que a las cosas, más a la búsqueda de la sabiduría que a la materia.</p>
<p>Es necesario que los jóvenes de vuestras escuelas aprendan a elevarse. Asaltados por un movimiento cada vez más rápido de estímulos externos, ¿cómo es posible salvar la facultad de la concentración y la maduración silenciosa de la fe? ¿Cómo iluminar las conciencias? ¿Cómo enseñar a dialogar consigo mismos? ¿Cómo pensar en la propia dignidad y en la de los otros? ¿Cómo cultivar todavía el sentido de la admiración y de la atención que son, en definitiva, la posibilidad de que disponemos para amar en profundidad, con entrega y renuncia de sí? Para todo esto, es necesario reafirmar con Don Bosco la convicción de que en todo joven hay energías de bien y cualidades interiores que, si se estimulan oportunamente, pueden dar al hombre la sabiduría.</p>
<p>5. A este propósito, un aspecto fundamental de vuestra misión es el de guiar a los jóvenes a Cristo.</p>
<p>Cristo es el punto de referencia constante del maestro cristiano. Sólo Jesucristo es la respuesta adecuada y última a la pregunta suprema sobre el sentido de la vida y de la historia. Pero no basta decirlo con palabras.</p>
<p>Vuestros alumnos deben percibir en el testimonio de vuestra vida que el hombre no tiene sentido fuera de Cristo; que Cristo es vuestra opción suprema y el núcleo central de todas vuestras iniciativas. Enseñar no significa solamente transmitir los conocimientos que poseéis, sino también revelar lo que sois, viviendo lo que la fe os inspira.</p>
<p>Darse a los jóvenes y partir desde ellos significa precisamente hacerse capaces de leer las condiciones de esta sociedad, teniendo en cuenta el justo punto de vista de ellos, y expresar el malestar que han generado una cultura y una sociedad que en vez de dedicarse a acogerlos se concentra sobre intereses marginales. ¡Partid desde los jóvenes! Ahí está vuestro campo de misión y vuestro laboratorio de cultura más precioso. ¡Sed misioneros de los jóvenes! ¡Id hacia su corazón! ¡Descended a su intimidad espiritual! Tocaréis allí el fondo auténtico de una personalidad que se siente provocada a salir de sí misma, de su propia medida, de sus propios proyectos, para abrirse a la realidad trascendente de un gran destino. Tratad de mirar a los jóvenes con los mismos ojos de Cristo. Aun con la conciencia de los defectos propios de los jóvenes tened la convicción de que el Evangelio, si se siembra en el interior del proceso de su formación humana, les puede conducir a comprometerse generosamente en la vida.</p>
<p>¡Por esto, privilegiad la hora de religión! Dadle prioridad en vuestros cuidados. En ella los jóvenes han de poder encontrar a Cristo y su Evangelio y sentir toda la fascinación de su persona.</p>
<p>6. Hoy los jóvenes son atraídos por reclamos que les llegan del mundo. Pero también están deseosos de encontrar valores sólidos y perdurables que puedan dar sentido y orientación a sus vidas. El mensaje salvífico del Evangelio deberá decirles dónde pueden encontrar este apoyo y la justa dirección a lo largo del proceso educativo. Cierto que esta misión es comprometida. Requiere de vosotros un doble sentido de responsabilidad: enderezar la conciencia y la experiencia del joven hacia el misterio de Cristo y mostraros vosotros, al mismo tiempo, como verdaderos forjadores de hombres, dotados de un alto sentido de espiritualidad.</p>
<p>Esta capacidad de dirigir la mirada a Cristo y este sentido espiritual son el resorte escondido de toda educación y cultura. En esta línea la enseñanza podrá, al mismo tiempo, cultivar el pensamiento, enriquecer la acción y promover la vida interior.</p>
<p>7. Don Bosco es un educador santo que &#8220;propone la santidad como meta concreta de su pedagogía&#8221; (Iuvenum Patris, 5). &#8220;Precisamente tal intercambio entre &#8216;educación&#8217; y &#8217;santidad&#8217; es un aspecto característico de su figura: es &#8216;educador santo&#8217;, se inspira en un &#8216;modelo santo&#8217; —San Francisco de Sales—, es discípulo de un &#8216;maestro espiritual santo&#8217; —José Cafasso— y entre sus jóvenes sabe formar un &#8216;alumno santo&#8217;: Santo Domingo Savio&#8221; (Iuvenum Patris, 5).</p>
<p>¡Qué gran exigencia la del educador para poder convencer a cada uno de sus discípulos de que están llamados a la santidad! Preocupaos, pues, de hacer también visible el Evangelio en vuestra vida cotidiana. Sólo así podréis tener un influjo evangélico que implique a los alumnos a los que instruís.</p>
<p>Es necesario hoy reproponer el gran tema de la santidad. Los objetivos específicos de la educación cristiana que nos traza el Concilio Vaticano II van en esta dirección. Son un verdadero reto y describen con claridad la delicada labor educativa: &#8220;La educación cristiana&#8230; busca sobre todo, que los bautizados se hagan más conscientes cada día del don recibido de la fe, mientras se inician gradualmente en el conocimiento del misterio de la salvación; aprendan a adorar a Dios Padre en espíritu y en verdad (cf. Jn 4, 23), ante todo en la acción litúrgica, formándose para vivir según el hombre nuevo en justicia y santidad de verdad (Ef 4, 22-24) y así lleguen al hombre perfecto, en la edad de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4, 13) y contribuyan al crecimiento del Cuerpo Místico&#8221; (Gravissimum educationis, 2).</p>
<p>No puedo menos que recordar con profunda gratitud a todos aquellos educadores, sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos cualificados que, afrontando y superando los no siempre fáciles problemas, saben hacer incisiva y provechosa su función educadora.</p>
<p>Doy las gracias a los que de ellos están aquí presentes. Al saludarlos cordialmente trato de expresar mi aliento para esta iniciativa que mira a un renovado compromiso.</p>
<p>La Iglesia atribuye constancia fundamental a la escuela católica. No existen, hoy, formas alternativas que puedan sustituir con eficacia la cualidad de una educación orientada hacia la plenitud de la vida cristiana, como debería ofrecer una escuela católica preocupada de traducir en acto las propias finalidades específicas; o sea, ser un verdadero laboratorio de cultura que se inspira en el Evangelio para un camino como cristianos en el mundo de hoy.</p>
<p>De cara a un ambiente pobre en relaciones, la escuela católica transmite y refuerza el sentido de la comunidad, de la preocupación social y de la solidaridad universal. Su finalidad, bebiendo continuamente en las fuentes del misterio de Cristo, es preparar a los jóvenes para sentirse protagonistas de la salvación humana, comprometiéndose concretamente con dinamismo apostólico, según su propio estado, a las exigencias de las situaciones. El renovado servicio de la escueta católica, hoy más que nunca, es liberar a los jóvenes del materialismo invasor y del hedonismo obsesivo, para guiarlos con bondad y firmeza hacia las cimas de la verdad plena y del amor oblativo.</p>
<p>8. También hago una llamada sobre todo a los padres, que son los primeros educadores y maestros de sus hijos. ¡Para todos es conocida la importancia que tuvo mamá Margarita en la vida de San Juan Bosco! No sólo dejó en el oratorio de Valdocco aquel característico &#8220;espíritu de familia&#8221; que todavía subsiste hoy, sino que supo forjar el corazón de Juanito en aquella bondad y cariño que harán de él amigo y padre de sus jóvenes pobres.</p>
<p>Ha llegado ya el tiempo de las asociaciones de padres cristianos. Ellas llevan a la amistad entre las familias y con los educadores y ayudan a los padres a comprender mejor los actuales cambios socio-culturales, así como a utilizar los métodos educativos más apropiados.</p>
<p>Queridos educadores y padres: la educación cristiana de las nuevas generaciones está en buena parte en vuestras manos. ¡Sed conscientes de ello!</p>
<p>El Señor os invita a reconocer la urgencia primaria de la formación de los jóvenes.</p>
<p>Que os asista María Santísima, vuestra Madre y Guía; que os ilumine con materna intercesión para transmitir la verdad y ser maestros de bondad y de valiente testimonio de fe. Que también os acompañe la bendición que nosotros, pobres Pastores de la Iglesia, queremos ofreceros al final de este encuentro. Gracias por vuestra buena acogida. Siempre me he sentido, como obispo, un educador entre los demás educadores. Y los grupos con los que tenía más contacto en las visitas pastorales a las parroquias eran siempre de educadores. Venían espontáneamente, a pesar de las prohibiciones, prohibiciones que venían de la ideología administrativa. Se veía que la educación es superior a una ideología que querría solamente reducir todo a la administración: la educación no se reduce a la administración. No querría disminuir la importancia de la parte administrativa también en la educación; pero quiero decir que la educación es siempre la prolongación de la paternidad y la maternidad. Y así, está ligada a la familia y ligada a Dios Padre. ¿Qué es la Sagrada Escritura? Un gran libro de la educación de la humanidad, de cómo Dios Padre ha sabido educar a la humanidad, a través de las diversas etapas, las conocidas por la Revelación, y por fin a través de la Encarnación de su Hijo. ¡Esto es, recemos a este Padre, el primer Educador de todos nosotros!</p>
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