Vivir, conocer, comprender la Iglesia por Ramiro Pellitero

20/Dic/2017 | Por | Categoría: Opinión

El autor de este blog ha publicado “Eclesiología”, en la colección de manuales ISCR del Instituto Superior de Ciencias Religiosas (ed. Eunsa), Universidad de Navarra.

El libro tiene como objetivo presentar una visión de conjunto de la Eclesiología.

Se plantea responder a preguntas acerca de la naturaleza y el origen de la Iglesia, no solamente como institución sino también en su realidad más profunda: ¿Quiso Cristo la Iglesia?, ¿cómo está configurada, quiénes pertenecen a ella y cómo se relacionan con ella otras personas?

Asimismo se ocupa del desarrollo, misión y destino de la Iglesia: lo que puede o no puede cambiar en la Iglesia y por qué, el papel que juega la Iglesia en los ámbitos culturales y sociales, el modo de compaginar en la Iglesia lo universal y lo local, si cabe la salvación fuera de la Iglesia, cómo es la relación de la Iglesia con los judíos y con otras religiones, qué pasará con la Iglesia cuando se acabe la historia. También se da pie a cuestiones muy actuales y personales: ¿cómo hablar hoy de la Iglesia? ¿Cabe “sentir” con la Iglesia, identificarse con ella? 

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La Iglesia es madre y es hogar
La Iglesia es madre y es hogar. Es madre, como les gustaba considerar a los grandes autores cristianos de los primeros siglos. A ella -dice Guardini- y no al cristiano considerado particularmente, pertenecen esos signos eficaces de la salvación que son los sacramentos. A ella pertenecen las formas y las normas de esa nueva existencia que comienza en la pila bautismal, como comienza la vida en el seno materno. Ella es el principio y la raíz, el suelo y la atmósfera, el alimento y el calor, el todo viviente que va penetrando la persona del cristiano.
Nacida del corazón abierto de Jesús en la cruz, la Iglesia ha comenzado a vivir antes que nosotros, y así es posible que nosotros vivamos por ella. Pero no se ama lo que no se conoce. La eclesiología vive del anhelo por descubrir, saborear y vivir el designio de Dios para la humanidad: hacer de todos una sola familia en el misterio de la Iglesia, llamándoles a participar de la vida divina.
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