VIDAS QUE GRITAN por José-Fernando Rey Ballesteros

28/Sep/2012 | Por | Categoría: Caminos

Miren ustedes atentamente la fotografía. La joven que allí aparece arrodillada tiene 20 años de edad, y era, hasta el pasado sábado, estudiante de Historia. Pocos días antes, el jueves, me comentaba: “No sé cómo será mi vida sin el iPhone”. Ya sé que podría haber dicho “sin mis padres”, “sin mis amigos”, “sin mis hermanos”… Pero ella tiene un magnífico sentido del humor, y sabía que la frase tenía miga. La tiene. En todo caso, esa joven lleva cinco días sin el iPhone, sin fumar, sin sus padres, sin sus amigos, sin sus hermanos…

El sábado pasado, a las 12 de la mañana, esa joven ingresó en un Carmelo con la intención de pasar entre esos muros el resto de sus días y ser enterrada allí hasta que Jesucristo la despierte. Será, por voluntad propia, y en respuesta a una llamada divina, pobre de solemnidad. Pasará los inviernos sin calefacción ni agua caliente, sin más calzado que unas alpargatas que dejan al descubierto gran parte del pie; y los veranos los pasará dentro de un hábito de lana de casi 9 kilos de peso. Durante el día apenas hablará, salvo con Dios y de Dios. Trabajará y rezará de la mañana a la noche, y, finalizado el día, dormirá sobre un jergón de paja las pocas horas que el trabajo y la oración le dejen al sueño.

¿A quién va a beneficiar esta joven con semejante género de vida? ¿A quién va a hacer feliz? ¿Qué va aportar a sus semejantes o a la sociedad? ¿Qué motivos tenemos los demás para alegrarnos cuando una vida en su lozanía se encierra entre unos muros para no salir jamás de allí? ¿Qué sentido tiene todo esto? ¿Para qué sirve?

No voy a responder rápidamente a estas preguntas, porque las mismas preguntas son elocuentes, y no quisiera echarlas a perder matándolas con una respuesta apresurada. Y es que hay vidas que no suscitan ningún interrogante, porque se explican por sí mismas. Si yo veo en la televisión a Cristiano Ronaldo, sé perfectamente por qué está ahí, lo que hace, y por qué lo hace: le gusta el fútbol, gana dinero, y entretiene a los aficionados. Si contemplo a Mariano Rajoy, sé lo que es un político, y puedo pensar que su vida es la respuesta a un afán de poder, a un sentimiento generoso de contribuir al bien común, o a las dos cosas. Si me encuentro con un amigo que es médico y tiene dos hijos, las coordenadas de su vida, de su profesión y de su ámbito familiar las tengo relativamente a mano…

Pero hay vidas y gestos que no pueden explicarse sin Dios. Si Dios no existe, Cristiano Ronaldo ha jugado bien al fútbol y ha ganado dinero; Mariano Rajoy ha hecho lo posible por gobernar un país con más o menos éxito; mi amigo ha curado a muchas personas y ha hecho felices a su mujer e hijos… Pero, si Dios no existe, la fotografía que encabeza estas líneas es un absurdo y la joven que allí se encuentra arrodillada está desperdiciando lo único que tiene, su vida, en un sinsentido que carece de explicación. Sucede lo mismo que con los mártires: si Dios existe, son unos santos; si no existe, son unos idiotas que lo han perdido todo.

Ésa, amigos lectores, es la grandeza de estas vidas. A ninguna mujer se le ha ocurrido permanecer virgen y encerrarse entre unos muros por amor a Don Quijote, a Ulises, o a Harry Potter. Nadie ha derramado su sangre por Sandokán. Pero, durante casi dos mil años, cientos de miles de mujeres han consagrado su virginidad a Jesucristo y se han encerrado para encontrar amorosa intimidad con Él, para unir sus vidas a la Cruz en la que Él entregó la suya, y para redimir, en unión con el Hijo de Dios, a todas las almas de todos los pecadores. Junto con los mártires, ellas son el testimonio vivo de que Jesucristo sigue siendo el Salvador de Género Humano.

Ahora vuelvan sobre las preguntas señaladas más arriba, y quizá la respuesta brote por sí sola. A mí, desde luego, almas como éstas me hacen enormemente feliz. Y son muchos los motivos que tengo para estarles agradecido de por vida. Les debo mucho.

Tags:

Deja tu comentario