ENCUENTRO CON RELIGIOSAS JÓVENES EN EL ESCORIAL

12/Dic/2011 | Por | Categoría: JMJ 2011

Queridas jóvenes religiosas:
Dentro de la Jornada Mundial de la Juventud que estamos
celebrando en Madrid, es un gozo grande poder
encontrarme con vosotras, que habéis consagrado
vuestra juventud al Señor, y os doy las gracias por el
amable saludo que me habéis dirigido. Agradezco al
Señor Cardenal Arzobispo de Madrid que haya previsto
este encuentro en un marco tan evocador como es el
Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Si su célebre
Biblioteca custodia importantes ediciones de la Sagrada
Escritura y de Reglas monásticas de varias familias
religiosas, vuestra vida de fidelidad a la llamada recibida
es también una preciosa manera de guardar la Palabra
del Señor que resuena en vuestras formas de espiritualidad.
Queridas hermanas, cada carisma es una palabra
evangélica que el Espíritu Santo recuerda a su Iglesia
(cf. Jn 14, 26). No en vano, la Vida Consagrada «nace
de la escucha de la Palabra de Dios y acoge el Evangelio
como su norma de vida. En este sentido, el vivir siguiendo
a Cristo casto, pobre y obediente, se convierte
en “exégesis” viva de la Palabra de Dios… De ella ha
brotado cada carisma y de ella quiere ser expresión
cada regla, dando origen a itinerarios de vida cristiana
marcados por la radicalidad evangélica» (Exh. apostólica
Verbum Domini, 83).
La radicalidad evangélica es estar “arraigados y edificados
en Cristo, y firmes en la fe” (cf. Col, 2,7), que en
la Vida Consagrada significa ir a la raíz del amor a Jesucristo
con un corazón indiviso, sin anteponer nada a
ese amor (cf. San Benito, Regla, IV, 21), con una pertenencia
esponsal como la han vivido los santos, al estilo
de Rosa de Lima y Rafael Arnáiz, jóvenes patronos de
esta Jornada Mundial de la Juventud. El encuentro personal
con Cristo que nutre vuestra consagración debe
testimoniarse con toda su fuerza transformadora en
vuestras vidas; y cobra una especial relevancia hoy,
cuando «se constata una especie de “eclipse de Dios”,
una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del
cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida,
con el riesgo de perder aquello que más profundamente
nos caracteriza» (Mensaje para la XXVI Jornada Mundial
de la Juventud 2011, 1). Frente al relativismo y la
mediocridad, surge la necesidad de esta radicalidad que
testimonia la consagración como una pertenencia a Dios
sumamente amado.
Dicha radicalidad evangélica de la Vida Consagrada
se expresa en la comunión filial con la Iglesia, hogar de
los hijos de Dios que Cristo ha edificado. La comunión
con los Pastores, que en nombre del Señor proponen el
depósito de la fe recibido a través de los Apóstoles, del
Magisterio de la Iglesia y de la tradición cristiana. La
comunión con vuestra familia religiosa, custodiando su
genuino patrimonio espiritual con gratitud, y apreciando
también los otros carismas. La comunión con otros
miembros de la Iglesia como los laicos, llamados a testimoniar
desde su vocación específica el mismo evangelio
del Señor.
Finalmente, la radicalidad evangélica se expresa en
la misión que Dios ha querido confiaros. Desde la vida
contemplativa que acoge en sus claustros la Palabra de
Dios en silencio elocuente y adora su belleza en la soledad
por Él habitada, hasta los diversos caminos de vida
apostólica, en cuyos surcos germina la semilla evangélica
en la educación de niños y jóvenes, el cuidado de los
enfermos y ancianos, el acompañamiento de las familias,
el compromiso a favor de la vida, el testimonio de la
verdad, el anuncio de la paz y la caridad, la labor misionera
y la nueva evangelización, y tantos otros campos
del apostolado eclesial.
Queridas hermanas, este es el testimonio de la santidad
a la que Dios os llama, siguiendo muy de cerca y
sin condiciones a Jesucristo en la consagración, la comunión
y la misión. La Iglesia necesita de vuestra fidelidad
joven arraigada y edificada en Cristo. Gracias por
vuestro “sí” generoso, total y perpetuo a la llamada del
Amado. Que la Virgen María sostenga y acompañe
vuestra juventud consagrada, con el vivo deseo de que
interpele, aliente e ilumine a todos los jóvenes.
Con estos sentimientos, pido a Dios que recompense
copiosamente la generosa contribución de la Vida
Consagrada a esta Jornada Mundial de la Juventud, y
en su nombre os bendigo de todo corazón. Muchas
gracias.

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