EL CARDENAL ROUCO VARELA EXHORTA A AMAR A LA IGLESIA PARA AMAR A JESUCRISTO

2/Nov/2011 | Por | Categoría: DOCUMENTOS

Amar a la Iglesia para amar a Jesucristo es la invitación que hizo el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, el pasado domingo durante su intervención en el informativo diocesano de COPE. En ella recordaba que en este nuevo curso pastoral “la necesidad espiritual de recoger la gracia extraordinaria de la JMJ-Madrid 2011, y de procurar que fructifique, nos lleva a mirar a la Iglesia con amor y vivir en ella amándola, como una condición indispensable para acertar plenamente con el conocimiento y el camino para poder encontrarse con el Señor”. Porque “la Iglesia no es el mero resultado de la acción humana o fruto de iniciativas de los hombres en un momento determinado de la historia. La Iglesia es de Cristo: es su Esposa y su Cuerpo”. Por eso, “no se puede pues amar a Cristo, Cabeza de la Iglesia, si no se ama a la Iglesia, su Cuerpo. En la JMJ 2011 en Madrid se pudo constatar con una belleza emocionante y singular el amor de los jóvenes a la Iglesia, manifestado con un entusiasmo contagioso y jubiloso en sus expresiones de amor al Papa. En Él veían a aquel que, por su ministerio de Pastor de la Iglesia Universal −de todos los Pastores y de todos los fieles−, representaba visiblemente a Jesucristo como Cabeza de la Iglesia: a Jesucristo que es el Hermano, el Amigo, el Señor, ¡el Salvador!”.

“En el ambiente de una maravillosa y gozosa experiencia de ‘la Comunión de la Iglesia’, dijo, los jóvenes vivieron con auténtica y fervorosa entrega su amor al Señor. La Iglesia es comunión visible de los que viven en la fe, en la esperanza y en el amor de Cristo. Comunión, por tanto, de los santos y de los que están en el camino de la santidad por la conversión y la penitencia. Comunión en y de ‘las cosas santas’, confiadas al ministerio de los Apóstoles encabezados por Pedro cuyo oficio pervive y sigue actuando en su Sucesor, el Obispo de Roma”. Las ‘cosas santas’, apuntó, “son “la Palabra, los Sacramentos, los Mandatos y la Misión recibidas del Señor; su oración y la forma de la alabanza y de la adoración al Padre en el Espíritu Santo. La comunión eclesial culmina con la mesa eucarística del altar: en la comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo”.

Para el Cardenal, en el siglo XX “se produjo un hondo ‘despertar de la Iglesia en las almas’. (Romano Guardini): un nuevo tiempo de un amor a la Iglesia explícito, confesado y gondamente comprometido afectiva y efectivamente con el principio de ‘comunión’, que la sustenta, y con el mandato de la misión de evangelizar al hombre de los tiempos de ‘la modernidad’ y de ‘la postmodernidad’: ¡nuestra época!”. Como ejemplo citó a Sor María Catalina Irigoyen Echegaray, Sierva de María y Ministra de los Enfermos, beatificada el día anterior en la Catedral de la Almudena. Su vida, dijo, fue ejemplo de un amor “practicado silenciosamente con la sencillez heroica de una mujer consagrada por entero al servicio cercano de los enfermos, día y noche, en las jornadas más tranquilas y en las más difíciles y turbulentas, cuando las epidemias o las revueltas callejeras irrumpían en la vida ciudadana de la gran ciudad”. O el amor “encarnado en el servicio pastoral inagotable al Pueblo de Dios al estilo de ese gigante espiritual y humano que fue el Beato Juan Pablo II. Sería en el Concilio Vaticano II cuando cristalizase doctrinal y pastoralmente esa renovada conciencia de la Iglesia: con nítida fuerza normativa y con inusitado vigor evangelizador”. Una riqueza y belleza de amor a la Iglesia, dijo, que resalta “al contemplarle en el contexto de nuestra historia martirial: una de las más impresionantes de toda la historia de la Iglesia”.

Por eso, “renovar el amor fiel a la Iglesia” es “una de las exigencias más urgentes que se desprende para nosotros del acontecimiento de la gracia que fue la JMJ 2011 en Madrid”. Para “ahondar pastoralmente en la vivencia fiel y fecunda de la Comunión de la Iglesia” la diócesis “habrá de hacer suyas las recomendaciones del Santo Padre a los jóvenes de ‘Cuatro Vientos’”: vivir la fe “en la comunión con la doctrina y el magisterio de la Iglesia”; reconocer “la importancia de vuestra gozosa inserción en las parroquias, comunidades y movimientos, así como la participación en la Eucaristía de cada domingo, la recepción frecuente del sacramento del perdón, y el cultivo de la oración y de la Palabra de Dios”.

Concluye confiando a la Virgen “la súplica de que sus hijos e hijas de Madrid amen a la Iglesia, Esposa y Cuerpo de Jesucristo, de todo corazón”.

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