TINKERING, una escuela para espabilar en la vida

10/Mar/2010 | Por MJ | Categoría: General

“NIÑO, SÚBETE A ESE ÁRBOL”
Gever Tulley no tiene hijos -dice que pide prestados los de sus amigos-, pero se ha convertido en una estrella de la educación no convencional en Estados Unidos. La tesis de este ingeniero informático reconvertido a docente sostiene que los padres modernos protegen en exceso a los suyos.

“Todo comenzó en casa de un amigo. Estábamos desayunando y, de repente, el padre dijo a su hijo de seis años: ‘¿Estás jugando con un palo?, ya sabes cuáles son las reglas sobre jugar con palos… Los niños no pueden jugar con palos ni con plástico, no pueden acercarse al fuego, no pueden subir a un sitio alto…”. Tulley observaba con horror cómo los adultos estaban condenando a los pequeños a una infancia descafeinada, sin heridas, sin decepciones, sin fracasos.

Campamento ‘peligroso’

Así que decidió cambiar la historia, o al menos una parte. Puso en marcha el Tinkering School, un campamento que enseña a los niños a buscarse la vida, a ser emprendedores, curiosos, arriesgados… a ser niños.

Cada verano dos grupos de 10 pequeños -uno de 8 a 12 años y otro de 12 a 17-dedican una semana a construir todos los inventos que se les ocurran, se suben a los árboles, atraviesan un puente colgante fabricado por ellos mismos, indagan en las entrañas de un radiocasete estropeado… La iniciativa lleva seis años en marcha, y cada vez son más los padres que quieren enviar a este campamento ‘peligroso’ a sus pequeños. Tantos que los organizadores se ven obligados a desestimar las solicitudes de muchos adultos que quieren regalar a sus hijos la experiencia ‘Tinker’.

Muchos, quizá, desean que sus pequeños puedan jugar, aunque sólo sea por una semana, de la misma manera que lo hicieron ellos en su niñez; sin normas, sin ataduras y sin la búsqueda de esa seguridad absoluta imposible de conseguir.

“Hay muchas incoherencias respecto a la educación y la seguridad de los pequeños. Muchos padres no quieren que sus hijos monten en bicicleta por los alrededores de sus casas; les da miedo que les pueda pasar algo, así que los montan en el coche, recorren varios kilómetros por la autovía y los llevan al campo. Lo que no saben es que hay muchos más peligros en ese viaje por autopista que en montar en bici”, explica Tulley.

Contentos y con cicatrices

“Aprender a andar cuando eres pequeño es peligroso, pero con la práctica lo convertimos en algo seguro, igual que correr. ¿Por qué no pasa lo mismo con las alturas? Porque no dejamos a los niños progresar en esa actividad. Los niños esquimales usan navajas desde muy pequeños; hacen lanzas, cortan pieles…y saben cómo hacerlo sin hacerse daño; en el campamento, los niños trabajan con herramientas reales (sierras, destornilladores, hachas…) y aprenden a utilizarlas sin dañarse”.

Tulley tiene claro que ése es el camino para devolver la infancia a los niños, pero reconoce que el de su campamento es uno de los formularios de inscripción más terroríficos del país. “Los padres tienen que firmar que son conscientes de que sus hijos pueden resultar heridos o incluso morir en este campamento. Pero por ahora todos han sobrevivido…”

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