REALIDAD Y FICCIÓN por José J. Escandell. Cátedra Santo Tomás

10/Mar/2010 | Por MJ | Categoría: Opinión

¿Es sueño o realidad? Abunda el arte que juega con la confusión entre realidad y ficción. De inmediato recuerda uno La vida es sueño y los lamentos del infeliz Segismundo. ¿Confusión? No, sin duda, según Calderón, cuando acaba por decir que los sueños sueños son. Porque si son sueños, eso sólo puede significar que los sueños no son soñados. No son sueños soñados los sueños que son de verdad. Un auténtico sueño, un sueño de veras, un genuino e indudable sueño es inequívocamente lo que es. Y lo que es, lo que es real, no es un sueño. Es que lo suyo de un sueño, naturalmente, es que de veras sea un sueño. Un sueño soñado, claro está, no es un sueño real.

A pesar de lo desconcertante del asunto, no es nada confusa la frontera general entre el sueño y la realidad, cuando el sueño es realmente sueño.

Hay quienes temen la confusión. Películas como Matrix o similares sugieren que puede perderse el pie y que puede uno flotar como en terreno de nadie, entre sueño y realidad, sin saber si pisa en el suelo o flota extraviado en la simulación. Eso es lo que tememos: extraviarnos, perdernos, confundirnos.

La preocupación por perder de vista la realidad tiene un punto de partida que no debe descuidarse. Un punto de partida tan necesario como innegable. Si uno se preocupa por discernir si lo que vive es real o imaginario, eso es porque ya dispone, previamente a esa preocupación, de la distinción entre lo real y lo fingido. Quien ignora esa diferencia no puede preocuparse por que se dé de hecho o no se dé. A su vez, para disponer de la distinción sueño-realidad precisa saber qué es realidad y qué es ficción. Esta es la cosa más admirable y sorprendente de este asunto, aunque en el fondo es simple y elemental. Quien se inquieta por si vive o si sueña, antes de su inquietud sabe sin inquietud, sino con toda seguridad, qué es vivir y qué es soñar. De lo contrario, su conflicto sería completamente imposible.

Esa es la razón por la que, en la duda, lo que siempre queda es el radical e imborrable realismo espontáneo del ser humano. Realismo que consiste en saber qué es lo real en general.

Después puede suceder que me emborrache o que me drogue y quedaré entonces perdido y prisionero de hecho entre los laberintos y vericuetos de las ensoñaciones imposibles. Puedo ser un demente que se cree Napoleón. No obstante, estas situaciones anómalas de descontrol sólo pueden ser vividas plenamente, es decir, vividas como pura ensoñación, por un sujeto cuyo lugar nativo es el conocimiento básico y general del sentido de la realidad. Quien vive de suyo y originariamente en la realidad en cuanto tal es el único apto por naturaleza para perderla de vista. Lo mismo que sólo puede mentir quien conoce la verdad.

Y así acontece que puede el ser humano decidirse por la mentira en su vida. Por falsificar su existencia decidiendo, por acción o por omisión, soñarla mejor o peor, pero distinta y fingida. Puede envolverse el hombre en una civilización que, en vez de potenciar su realidad, le desvíe hacia la negación de sí mismo. Puede querer el ser humano olvidar que la clave de la felicidad comienza por la verdad. Conócete a ti mismo. (de analisisdigital.es)

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